Bambi vs. Godzilla

Bellas de Noche: otro excelente cine documental mexicano es posible

El cine mexicano nos ha mostrado mujeres admirables en la ficción y la no ficción, pero siempre he tenido la impresión de que estos personajes son tan sólo intermediarios entre el espectador y otro tema que no es el individuo en sí mismo. Las películas mexicanas son generalmente interpretadas como un síntoma del país, su época, su clima social, su injusticia y muy pocas veces como un retrato íntimo de un ser humano que existe independientemente de todo ese contexto. 

El documental Bellas de Noche, de María José Cuevas, es valioso por permitirnos conocer a sus sujetos sin los estigmas que el mexicano lleva en su propio cine. No es la pobreza, ni la violencia, ni la desigualdad lo que define o hace interesantes a sus protagonistas, es su integridad. Partir de esa premisa es un enorme respiro para quienes hemos seguido la producción de documental en nuestro país. Una tradición de excelencia que nos abre los ojos, nos mantiene alertas y, en contraparte, a menudo nos deja inconsolables por la dureza de sus temas.

En su primera película, Cuevas aborda una figura distintiva de la cultura popular de los años setentas y ochentas en México: la vedette. Artistas de la vida nocturna que presentaban un show de variedad con vestuario, escenografía, coreografía, canto, las vedettes tuvieron un rol e influencia que desaparecieron por completo en la dinámica del espectáculo en México. A lo largo de dos décadas, protagonizaron temporadas teatrales, programas de televisión y películas. De hecho, su incursión en el cine fue la que originó el llamado cine de ficheras.

Al entrevistar a cinco de las mujeres que fueron la última generación de este oficio, la directora abre una cápsula de tiempo en la que video de archivo, fotografías y recortes de periódico nos hacen entender que en la aceptación que la industria cultural tenía de estas mujeres hay una parte irrecuperable de México. Muy aparte de este aprendizaje sociológico, la mayor lección del documental está en los recuentos personales de cada una.

Olga Breeskin, Lyn May, Rossy Mendoza, Wanda Seux y Princesa Yamal intercalan testimonios de su trayectoria y cuentan cómo afrontaron la transición de la juventud, la belleza y los reflectores a su vida actual. Este cara a cara entre documentalista y entrevistadas tiene un balance muy logrado. Su interés en ellas está exento de morbo, de superioridad moral y, si bien la información sobre las cuatro está organizada para que contrastemos sus momentos de esplendor y adversidad, la sensación final que Bellas de Noche deja es la de haber conocido vidas que no están marcadas por un único sentimiento negativo o positivo.

Una tercera capa (además de su reflexión sobre la cultura mexicana en general, y el oficio de la vedette en particular) es su feminismo, pienso, inadvertido. En lo que estos íconos comparten y confiesan hay una reivindicación ejemplar para aquellos proyectos que se consideran feministas.

Bellas de noche expande las posibilidades y convicciones del ya de por sí sobresaliente cine documental que se hace en México.

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