Bambi vs. Godzilla

"Animales nocturnos": Tom Ford se aleja de la superficie

Si me dijeran que el diseñador Tom Ford comenzó a hacer cine como un gesto humanitario para quienes no podemos comprar su ropa, lo creería y agradecería. De ser así, esta temporada podremos autorregalarnos uno de sus diseños: Animales nocturnos, su segunda película.

Con Amy Adams, Jake Gyllenhaal, Michael Shannon, Aaron Taylor-Johnson y Armie Hammer en su elenco, este thriller parece una fastuoso comercial de perfume. Esto se decía comúnmente para demeritar a una película cuya única fortaleza era su factura visual. Desde la llegada de Ford al cine, la estética perfecta de campaña de moda y la sustancia argumental de una película no son mutuamente excluyentes.

En su segundo gran papel de este año (después de La llegada) Amy Adams rompe su habitual línea de personajes discretos y débiles para encarnar a Susan Morrow, una exitosa y empoderada galerista de Los Ángeles con una vida privilegiada que no la satisface. Durante uno de los frecuentes viajes de negocios de su actual esposo (Armie Hammer) en los que ella se queda en casa, Susan recibe un paquete de su ex marido Edward Sheffield (Jake Gyllenhaal). En una nota adjunta, le explica que se trata de una novela que escribió y que le gustaría que leyera para conocer su opinión.

Recostada en habitaciones de endemoniadamente buen gusto arquitectónico e interiorismo, Susan comienza a leer el libro, titulado Animales nocturnos (en honor a una expresión que ella misma usaba) y siente que la historia alude a su matrimonio con Edward; entre los personajes hay una mujer con su misma cabellera rojiza, un hombre con la misma personalidad débil de Edward y una hija que pudieron tener. La novela se pone más violenta y oscura. Susan tiene la certeza de que este libro es la forma en que Edward desea vengarse de ella.

Quienes se hayan declarado fans de Tom Ford por el buen gusto de su ópera prima A Single Man (2009), deben estar preparados para un cambio drástico desde los primeros minutos de su segunda película. Si bien la armonía y la elegancia son inseparables de su puesta en cámara, el director texano regresa con ánimo provocador, dispuesto a no permitir que su cine sea reducido a un trabajo simplemente lujoso e inofensivo. Su secuencia de créditos, una serie de tomas en cámara lenta a mujeres maduras, obesas, bailando desnudas en una lluvia de confeti dorado, es un asalto al espectador. La conexión de esta escena con la película no es clara, como tampoco serán claros otros simbolismos que irán apareciendo. Desde luego que el riesgo de ser considerada artificiosa y pretenciosa está presente todo el tiempo en Animales nocturnos, pero es la seguridad de su creador al ejecutar estos momentos de shock y decadencia lo que mantiene a sus ideas –a veces puntuales, a veces bruscas– en el rango de lo artístico y respetable.

Amantes, autos, piezas de arte (y escenas de hombres sentados en inodoros que, al parecer, son fetiche del director) son una vez más los elementos clave de una historia que explora las causas y efectos de la venganza. La venganza fría, para ser exactos. La venganza fría contra una ex pareja, para ser definitivamente más exactos.

Las películas en las que un personaje lee un libro o narra oralmente una anécdota (pensemos en The Usual Suspects, Big Fish o Adaptation) suelen hacer que involucremos nuestra atención y vísceras en el relato dentro del relato. Rara vez nos interesa, importa o afecta la historia de quien nos sirve como intermediario. Animales nocturnos es la excepción a este acomodo narrativo. La realidad de Susan se va intoxicando conforme lee la ficción escrita por su ex esposo. Tanto la trama de ella como la de él son relevantes.

Animales nocturnos será un veneno adictivo para todo aquel que haya fantaseado leve o fuertemente con vengarse de su ex, y un paso firme en la filmografía de Tom Ford quien, cada vez, más se aleja de la superficie. 

@amaxnopoder