La economía del túnel

El maíz transgénico. Catástrofe mexicana

No hay duda de que el campo mexicano se encuentra en crisis, resultado entre otros factores de la falta de estrategias de largo plazo y de verdaderos apoyos económicos y de asesoría.

Durante las últimas cuatro décadas, el poco apoyo otorgado a los campesinos fue utilizado por ellos para su autoconsumo y no para la inversión en su tierra. Por su parte, el gobierno para resolver la insuficiencia alimentaria importó productos básicos, pero no generó verdaderos programas productivos dirigidos al sector primario. La falta de apoyos al campo generó que miles de personas abandonaran su lugar de origen y emigraran a Estados Unidos.

El maíz transgénico es una planta a la cual se le ha manipulado genéticamente con el objeto de introducirle características con las que no cuenta.

Los voceros de las empresas trasnacionales argumentan que ahora se le produce con mayor resistencia a inclemencias del clima y a los insectos; son de mejor calidad y tiene mayor nivel de productividad.

En México el tema del la liberación del cultivo de maíz transgénico está en debate. Como mexicanos debemos estar atentos de los resultados, particularmente porque el maíz representa el alimento de millones de mexicanos.

El consumo de maíz transgénico puede llevar a alterar la salud de las personas, se pueden presentar en ellas algunas alergias, mayor resistencia a los antibióticos, desarrollo de cáncer, etc. Por ello, debemos de exigir a las autoridades mexicanas estudiar el tema y poner en práctica el principio precautorio de las Naciones Unidas.

La importancia del maíz transgénico se basa en su productividad, con él se puede alimentar a más y más personas en el mundo; sin embargo, existen intereses atrás de la productividad y del desarrollo de este producto; los intereses de las empresas trasnacionales dedicadas a la ingeniería genética como: Aventis, Pionner, y la empresa Cargill propiedad de Monsanto; no olvidar además a la empresa mexicana Maseca.

La cosecha de maíz transgénico en los campos mexicanos aun no se acepta, pero ya se han encontrado cultivos de forma experimental en la sierra Juárez de Oaxaca. Los campesinos que siembran maíz transgénico deben enfrentar a las multinacionales, las cuales actúan como policías de investigación, si encuentran maíz genéticamente modificado, los productores tienen que pagar por la patente del maíz.

DICONSA a través de la importación de maíz procedente de Estados Unidos distribuye en México el maíz modificado genéticamente a precios accesibles. Lo anterior se logra porque la importación del maíz transgénico y la distribución de éste en México, aún y cuando no se encuentra aprobado por el gobierno mexicano, es posible realizarlo, la estrategia es revolver el producto con maíz sin transformación genética, además no está etiquetado y por ende las personas no saben el tipo de producto que consumen y las consecuencias que ello les puede generar. Se han hecho experimentos con ratas de laboratorio y se ha encontrado que aquellas que consumen maíz transgénico desarrollan perforaciones en el estomago.

Consideramos que la utilidad del maíz transgénico por lo pronto se debe basar exclusivamente en la producción de biocombustibles, no para el consumo humano, al menos hasta demostrar que no es dañino a la salud de las personas.

Estamos ciertos que la empresa que inventó dicho producto debe obtener ganancias de lo inventado, pero siempre que dichas ganancias procedan lícitamente, y no que vayan en contra de la salud del ser humano.

Si el gobierno de México permite deliberadamente que se siembre maíz genéticamente modificado, estaremos inmersos en muchos riesgos de salud. Primero debemos conocer los resultados finales de las investigaciones y posteriormente, si es el caso, consumirlo.