La economía del túnel

El azúcar amargo le toca a México

Durante los últimos meses se ha hablado acerca de la relación económica entre el país del norte y el nuestro. Han pasado cinco meses desde que el ahora jefe de gobierno, Donald Trump llegara a la presidencia de Estados Unidos, pero para México parece que han sido cinco años.

El sector de la azúcar ha estado ya en la mesa de negociación comercial, aún no hay nada hablado del tratado, pero sí de la azúcar, y es que esta industria es de las más importantes en México. Actualmente genera 930 mil empleos directos, si lo ponemos en retrospectiva, esto equivale a un tercio de la población total del estado de Hidalgo.

Nuestro país ocupa el primer lugar en la exportación de azúcar de caña hacia el mercado estadounidense, tan solo en 2016 se reportó una exportación por casi 3 millones de toneladas.

¿Cuál es el problema que originó la negociación comercial en ese producto? La cuestión inició con una serie de medidas que decidieron tomar dos empresas estadounidenses respecto a las importaciones mexicanas que se estaban llevando a cabo, consideraban que el producto exportado por México estaba subsidiado por las autoridades de nuestro país, es decir, que este sector en particular recibía una ayuda económica que podía hacer que su precio en el mercado estadounidense fuera menor al reportado por los costos de producción en México; esta práctica de vender por debajo del precio de mercado se le conoce como dumping, y era de lo que se acusaba a nuestro país.

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) dio libertad plena al mercado de este sector, misma que terminó cuando se decidieron establecer derechos compensatorios (impuestos) a las importaciones de ese producto, los cuales se suspendieron dando lugar a los acuerdos de suspensión, en los cuales México limitaba sus embarques de azúcar refinada a no más del 53% del total de sus exportaciones.

El problema radica en que a tres años del conflicto antes señalado, y tras una serie de eventos desafortunados, los nuevos acuerdos de suspensión, firmados el pasado 4 de junio, señalan que sólo 30% del producto total podrá ser azúcar refinada, lo que reduce en más de 20% la exportación de ese producto en comparación con el acuerdo alcanzado en 2014.

Dado lo antes señalado, a partir de la puesta en vigor de las nuevas negociaciones, 70% de la azúcar que se exporte hacia Estados Unidos (EUA) tendrá un menor valor agregado, teniendo impacto en 2.2 millones de empleos indirectos que se generan en el sector.

Hay opiniones encontradas, hay quienes creen que la decisión del Secretario de Economía, Ildefonso Guajardo Villareal, fue insuficiente, lo cual reflejó una vez más la forma en la cual funcionarios públicos se rinden ante todas las peticiones del gobierno estadounidense, resultado del miedo a que se nos aplique un arancel. Lo que no podemos negar es que ese miedo a los aranceles está bien fundado.

Muchos podrían pensar que la solución entonces es entrar a nuevos mercados, diversificando así el mercado de exportación, sin embargo no se considera el grado de competitividad que presentan los ingenios mexicanos frente a otros en el entorno mundial y, es que la producción de caña de azúcar presenta un problema estructural, con un nivel bajo en innovación; mismos que si no se atiende, México y sus muchas industrias seguirán teniendo un nulo poder de negociación dentro del futuro TLCAN.

El camino que se debe seguir en las futuras negociaciones, deberá sobreponer el interés nacional y, al referirme a éste, no quiero decir al interés que guarda la clase política; se deberá crear una cultura que trascienda la simulación de parte de las autoridades y se construya un verdadero sentido de pertenencia, honor y afecto; además, se deben atender los problemas internos que generan una baja competitividad, para que así no le siga tocando a nuestro país el azúcar amargo.

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