Articulista Invitado

Una propuesta para el Día Internacional del Migrante

Ya es tiempo de abrirle a este sector un espacio en la luz, lejos de las sombras. Que los trabajadores vayan y vengan cumpliendo requisitos: sin condiciones leoninas, sin miedo; con orden, seguridad y legalidad.

Da la impresión de que los migrantes irregulares necesitan un Nelson Mandela, un Martin Luther King o un Mahatma Gandhi para poder avanzar su causa. A todos estos personajes, el mundo entero les ha rendido merecidos reconocimientos. Sin ellos, ni el apartheid ni la segregación racial ni el sometimiento de un pueblo podrían haberse erradicado. ¿Será entonces que los migrantes necesitan de uno de estos personajes para poder alcanzar condiciones de dignidad en su vida? Si esto es así, ¿quién podría ser ese personaje? ¿Y si en lugar de esperar al gran libertador de los migrantes nos constituimos todos nosotros en un ente colectivo capaz de hacer algo y rescatarlos del olvido? Creo que podemos hacerlo. Es más, tenemos que hacerlo.

La posibilidad de alcanzar una reforma migratoria en Estados Unidos se irá una vez más al concluir 2013. Allí va, cómodamente, en su maleta de fin de año. El presidente Barack Obama ha hecho intentos para pedirle a este año que no se la lleve. Quiere que siga vigente en 2014. El nuevo año, no obstante, implicará retomar una discusión que a todas luces resulta controvertida: regularizar a más de 11 millones de personas que viven en Estados Unidos sin documentos migratorios. La reforma plantea también endurecer la vigilancia fronteriza de tal forma que nadie pueda ingresar a la Unión Americana de forma irregular. El Senado estadunidense, con mayoría demócrata, aprobó en junio pasado la reforma, pero la Cámara de Representantes, de mayoría republicana, se opuso. El resultado final: seguimos sin reforma migratoria. Así de simple.

Si en 2014 quiere ir al fondo del fenómeno migratorio, tendríamos que explicarle que la migración masiva indocumentada va más allá de números y muros fronterizos. Se trata de un acontecimiento diario e imparable, el cual revela países incapaces de ofrecer a sus nacionales oportunidades de empleo digno y bien remunerado. Los países desarrollados se niegan a entender esta realidad. Rehúsan afrontarla como una tarea en la que es posible adoptar medidas de control migratorio con pleno respeto a la dignidad humana.

La reforma impulsada por los demócratas es una fuente de optimismo solo para los migrantes indocumentados residentes en Estados Unidos. La reforma no contempla abrir cauces legales que permitan la migración de trabajadores ordenada y regular, esto es, fuera de la clandestinidad. La historia la sabemos todos. Los estadunidenses necesitan a esos trabajadores, pero no quieren reconocer el hecho. Algunos sectores de la población estadunidense reconocen esta realidad, pero otros más la condenan. Cuando el tema va a dar a los territorios de la política, la expectativa simplemente se ensombrece. John Boehner, presidente de la Cámara de Representantes, se resiste a poner fecha para la votación de la reforma. Para Joe Biden, vicepresidente de Estados Unidos, Boehner teme a la reacción de los integrantes del Tea Party, movimiento radical republicano que ha impedido que la reforma avance.

El presidente Obama ha nutrido sus dos campañas con la promesa de consumar la reforma migratoria. Sin embargo, su promesa sigue siendo eso, una promesa, la cual ha tomado un nuevo aire con la consigna de cumplirse en el próximo año. Mientras eso ocurre, la administración Obama sigue manteniendo el récord de deportados: un
promedio de 400 mil por año. Cuando un activista le pidió a Barack Obama en un evento público que detuviera las deportaciones, éste le respondió: “La salida fácil es gritar y pretender que yo haga algo violando nuestras leyes. Lo que propongo es el camino más duro, que es usar nuestros procesos democráticos para lograr la misma meta que sugieres”.

La regularización será bienvenida, desde luego, pero solo resolverá el pasado, no el futuro. ¿Qué pasará con la presión del flujo migrante que no cesa? Muchos son los migrantes indocumentados que se internarán a Estados Unidos o pretenderán hacerlo a través de la frontera con México. Todos sufrirán. Para nadie será un paseo. Habrá algunos que lleguen al sueño americano pero otros no; unos enfermarán y algunos otros morirán. Algunos más serán asaltados, extorsionados, violados, reclutados, secuestrados, atrapados por delincuentes o asesinados. Es triste esta realidad, pero cierta. La reforma migratoria no abrirá los caminos que permitan una migración regular, ordenada y legal.

La migración indocumentada es un pasaporte al sufrimiento desde hace décadas, aún y cuando existan historias de éxito. No se le ha querido ver con claridad. O se le acepta calladamente o se le condena dogmáticamente. Ya es tiempo de abrirle a los migrantes un espacio en la luz, lejos de las sombras. Que los trabajadores vayan y vengan cumpliendo requisitos; sin condiciones leoninas; sin miedo; con orden, seguridad y legalidad. Es mucho lo que hacen por ellos mismos y por las grandes economías. Es justo reconocérselo. Sin embargo, mientras Estados Unidos siga practicando el juego de la simulación, será muy difícil que se alcance una solución duradera.

México, por su parte, tiene el desafío de crecer a tasas que le permitan generar los empleos que su población requiere. Este es un camino esencial y hay que recorrerlo. Además, nuestro país debe resolver de inmediato la acumulación de migrantes y deportados en la zona fronteriza; la incorporación adecuada de niñas, niños y adolescentes que han retornando al país y no han encontrado espacios en las escuelas; la violencia que se ejerce en nuestro territorio contra los migrantes indocumentados de otros países. El primer paso es muy simple, pero no lo hemos podido dar: garantizar que los autoridades no abusen ni cometan delitos contra estas personas y que, si lo hacen, sean severamente castigados.

La Ley de Migración tiene deficiencias, pero aún así es posible cumplirla. Es nuestro derecho vigente. Solo requiere voluntad. Por ejemplo, si la ley señala que los menores de edad no pueden ser sujetos de detención, ¿por qué se les sigue asegurando en estaciones migratorias? Resulta prioritario entender la problemática de la migración infantil y adoptar las medidas necesarias que garanticen los intereses de los menores de edad.

Resulta completamente vergonzoso e inaceptable el principio de “sospecha razonable”, expresado recientemente por el subdirector de Control y Verificación Migratoria de la delegación del Instituto Nacional de Migración. El funcionario reveló al periódico Reforma que uno de sus métodos para la identificación de indocumentados era el siguiente: “Los detectas por el olor. Como andan viajando, a veces no se asean constantemente, o comen hierbita, comen plantas, despiden un olor muy característico, y ya te das cuenta”. Su declaración lo dice todo. Tenemos que hacer algo. Una propuesta sencilla para un día tan importante: el Día Internacional del Migrante. Hagámoslo.

* Secretario general de la Cámara de Diputados y especialista en derechos humanos y migración.

Twitter: @mfarag