Articulista Invitado

Una alianza regional para la migración

La discusión de una reforma en EU ha envejecido sin resultados; en su lugar atestiguamos deportaciones sin precedente y separación de familias.

La característica más sobresaliente de la política migratoria en el ámbito global es su unilateralismo. Los diferentes Estados han hecho de la movilidad humana internacional un terreno de discusiones estériles carentes de una visión regional.

La falta de un enfoque multilateral entre Estados en torno a la migración ha provocado que la protección de los derechos humanos de los migrantes sea prácticamente inexistente. Un claro ejemplo de ello es la situación prevaleciente en la región norteamericana.

Hace unas semanas, la administración Obama caracterizó por vez primera como crisis humanitaria la padecida por los menores de edad centroamericanos que permanecen en condiciones inadecuadas en centros de detención en territorio estadunidense.

Aunque digno de encomio, este reconocimiento, además de tardío, es parcial, pues parece que los otros aspectos dramáticos del fenómeno migratorio no ameritan ser reconocidos como críticos.

Recordemos que desde hace 20 años la política migratoria estadunidense ha sido de contención, persecución y expulsión. En su obstinación por blindar la frontera, el gobierno vecino rompió la circularidad de la migración, ahondó el sufrimiento de los migrantes y propició la acción de bandas delincuenciales.

Se propició una tragedia que, entre otras expresiones, ha significado la muerte de alrededor de 400 mexicanos cada año en la franja fronteriza, así como un padecimiento extremo de decenas de miles de centroamericanos en nuestro territorio. Es sabido y reconocido que diversos tramos de las rutas migratorias son administrados por la delincuencia organizada.

Como resultado, hoy los migrantes están expuestos a mayores y más diversos riesgos que hace dos décadas y enfrentan no solo rutas más inhóspitas e, incluso, mortales, sino a una delincuencia ávida de recursos a costa de los más vulnerables entre los vulnerables.

Estos efectos han sido visibles desde hace años. Sin embargo, no ha habido un cambio en las políticas migratorias estadunidenses de contención, persecución y expulsión. La discusión en la Unión Americana en torno a una reforma migratoria ha envejecido sin resultados. En su lugar, hemos atestiguado deportaciones de magnitudes sin precedente y la dolorosa separación de cientos de miles de familias. ¿Cuánto tiempo más debe pasar o qué desgracia debe ocurrir para que el gobierno de EU reconozca la dimensión y la gravedad de todo lo que está pasando con los migrantes, cuya fuerza de trabajo rechaza y necesita, condena y aprovecha, persigue y utiliza?

El Estado mexicano tiene una gran responsabilidad en este drama, pues durante años cedió el mando a la inercia. La dimensión de la tragedia le obliga a insistir ante EU para incluir a la migración en la agenda bilateral, no desde la óptica de la seguridad nacional, sino como parte indivisible de la integración económica y social.

No compete a México tomar las decisiones del gobierno estadunidense, pero sí hacerle notar por todos los medios políticos y diplomáticos que la contención de la migración, además de estéril, resulta dañina para ambas naciones.

Si la migración se encauza y ordena mediante la apertura de opciones legales, en lugar de tratar de contenerla con muros y cercas electrificadas, ambos países podrán seguir beneficiándose de ella sin el altísimo costo humano que hoy pagan los migrantes.

Es preciso impulsar una política regional de cooperación para el desarrollo a fin de reducir la necesidad de emigrar, proporcionando oportunidades reales de desarrollo personal y familiar en las zonas de mayor salida de migrantes.

La reforma migratoria en EU y un acuerdo regional de cooperación para el desarrollo en las zonas expulsoras de migrantes deben converger para que emigrar sea solo una opción más y no un fatal destino, como lo es hoy para cientos de miles de personas.

*Especialista en derechos humanos y migración.

Twitter: @mfarahg