Articulista Invitado

Trata de personas: esclavitud globalizada

Tal parece que nos hemos habituado a ver como natural y aceptable que el engaño, la fuerza y la ambición delictiva estén por encima del derecho de las personas a su libertad.

En un mundo globalizado, donde las distancias se reducen a segundos y las empresas transnacionales fabrican en China un tornillo que habrá de unir en México partes manufacturadas en Malasia, también, lamentablemente, se globaliza el delito, en particular el que convierte a los seres humanos en mercancía.

La trata de personas no es solo la esclavitud del siglo XXI (ya que éste es el tiempo en el que se expande y profilera en magnitudes sin precedente), sino también porque tiene un carácter global, más allá de fronteras y de leyes migratorias que han sido insuficientes para contenerla.

La esclavitud humana va de un lugar a otro y no hay acuerdo internacional que la contenga. Los tratantes son hoy los grandes beneficiarios de la incompetencia, la complicidad o la indiferencia de pueblos y gobiernos.

El año pasado, la organización australiana Walk Free Foundation elaboró el Índice Mundial de Esclavitud 2013. La fundación detectó 29.8 millones de personas explotadas, 9 millones más que la cifra de más de 21 millones calculada por la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

La fundación realizó sus investigaciones en 162 países y encontró víctimas de trata en todos los casos sin excepción. Sin importar el grado de desarrollo ni el nivel de vida de las naciones, la trata está presente en todas las sociedades.

Quizá a ello se deba nuestra apatía. Tal parece que nos hemos habituado a ver como natural y aceptable que el engaño, la fuerza y la ambición delictiva estén por encima del derecho de las personas a su libertad.

Por eso hay que combatir el hábito y recuperar nuestra capacidad de indignación, la que suele romper nuestra indiferencia solo cuando la víctima es muy cercana. Cercanas, en realidad, son todas las víctimas. Cada niña, niño, mujer y hombre explotado son parte nuestra, pues ninguna sociedad podrá aspirar a la justicia y al bienestar mientras uno o miles de sus integrantes sean tratados como objetos y sometidos a la voluntad de quien dispone de vidas ajenas para labrarse un inmundo bienestar económico.

En la mayoría de los casos las víctimas son las personas con mayor vulnerabilidad social y económica: niñas, niños, adolescentes y mujeres pobres, indígenas o migrantes, que son explotados en su propio país o que son trasladados a otro con mayor poder económico.

Las naciones desarrolladas se muestran sorprendidas de lo que puede ocurrir en naciones pobres, pero buena parte de los consumidores de trata son oriundos de los países prósperos, donde se aprecia la esclavitud como uno de los beneficios al alcance del dinero.

Con motivo del Día Mundial Contra la Trata de Personas es pertinente recordar que, de acuerdo con la fundación mencionada, los diez países con mayor predominio de esclavitud (relación entre población y número de personas explotadas), son Mauritania, Haití, Pakistán, India, Nepal, Moldavia, Benín, Costa de Marfil, Gambia y Gabón.

En términos absolutos, los países con más esclavos son India (casi 14 millones), China (casi tres millones), Pakistán (701 mil), Etiopía (651 mil) y Rusia (516 mil). En contraste, los países que tienen menos esclavos son Islandia, Irlanda y Reino Unido.

Según el índice de la fundación, en el Continente Americano hay 1 millón 134 mil esclavos, principalmente en Haití, Perú, Ecuador, Uruguay y Colombia. Incluso en Estados Unidos la fundación encontró 60 mil personas esclavizadas.

El hecho de que México no ocupe una posición relevante en esta lista no implica que estemos exentos de padecer este flagelo. La trata existe en México y asfixia la vida de miles de personas; además, nuestro país es el principal corredor de tránsito de víctimas de trata en la modalidad que se refiere a aquellas personas que salen de sus países en busca de una mejor calidad de vida y que, por la fuerza o mediante engaños, terminan inmersas en las redes de tratantes.

Hay que congratularse de que la Asamblea General de la ONU haya determinado el 30 de julio como Día Mundial Contra la Trata de Personas, lo que seguramente contribuirá a la visibilidad de este delito y a la difusión de su magnitud, causas y efectos. Ello, sin embargo, no basta. El mayor aliciente a la prevalencia y expansión de la trata es la impunidad.

Una lógica elemental indicaría que la lucha contra la trata debería estar en primer lugar en el combate a este delito, pues no puede haber peor transgresión que el robo de la libertad, el sometimiento por la fuerza o el engaño, la conculcación de los derechos humanos, la diaria humillación de la explotación sexual y laboral de personas.

Aprovechando la conmemoración de este día, refrendemos el compromiso de nuestro país para combatir las manifestaciones de la trata, sin perder de vista que cada una de las naciones requiere hacer un esfuerzo más sistemático y eficaz para erradicar lo que es ahora un cáncer global.

*Secretario General de la Cámara de Diputados y especialista en derechos humanos
@mfarahg