Articulista Invitado

Pendientes en materia de explotación sexual

Entre otras líneas desatendidas hay que insistir en una que suele pasar inadvertida y en la que estamos casi en cero: la trata de personas existe porque hay miles de consumidores.

El 23 de septiembre de 1913 se legisló en Argentina, y por primera vez en el mundo, en materia de trata de personas.

En conmemoración de esta fecha, 84 años después la Conferencia Mundial de la Coalición contra la Trata de Personas y la Conferencia de Mujeres instauraron el Día Internacional contra la Explotación Sexual y el Tráfico de Mujeres, Niñas y Niños.

Más de un siglo después de aquella primera legislación, se perfilan cinco vertientes fundamentales en las que es indispensable acelerar los resultados contra la trata de personas.

1. Es necesario impulsar que todos los países tipifiquen la trata de personas y que los congresos nacionales homogenicen sus leyes locales para hacer más eficaz la prevención y la persecución del delito.

2. Debemos seguir trabajando en la realización de campañas para advertir sobre los riesgos, la gravedad del delito y el modus operandi de los tratantes a fin de impedir que más personas puedan llegar a ser víctimas. Aunque no ha sido suficiente, en este renglón es en el que hay más actividad por parte de sociedad civil y gobiernos.

3. En materia de investigación, procesos y sanciones penales estamos en deuda con las víctimas y con quienes pueden llegar a serlo. Las autoridades de todo el mundo deben ser más constantes y eficientes en el castigo a los responsables para que paguen por lo que hicieron y para enviar el claro mensaje a los tratantes de que no tendrán impunidad.

4. Prevalecen muchas inconsistencias gubernamentales por lo que hace a la asistencia a las víctimas y su reinserción en la sociedad. Son tantas las secuelas físicas y psicológicas que padecen quienes han sufrido trata, que su rescate no es suficiente. Es necesario dar atención especializada a cada persona hasta su plena reincorporación social.

5. En otro ámbito esencial estamos casi en cero: no hemos sido suficientemente claros y directos en que la trata existe porque hay consumidores. No hay quien venda si no hay quien compre. Este es un aspecto medular de la trata. Si ahora se da mayor explotación sexual y laboral de personas, es porque hay quien paga por ello.

La comunidad internacional y los Estados nacionales deben reconocer que a la vergüenza de no haber podido contener la trata de personas se ha sumado otra: cada vez más las niñas y los niños son víctimas de explotación sexual y laboral.

De acuerdo con datos del Informe Mundial sobre la Trata de Personas de la Oficinas de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) 2014, en 2004 las mujeres adultas representaban 74 por ciento de las víctimas de explotación sexual y las niñas 10 por ciento, proporción que se ha modificado en una década: ahora las niñas representan 21 por ciento de los casos y las mujeres adultas 49 por ciento.

A diferencia de hace 10 años, cuando niñas y niños equivalían a 13 por ciento de las víctimas, hoy constituyen la tercera parte. De cada tres menores de edad victimizados, dos son niñas y uno es niño.

Por regiones, en África y Oriente Medio las víctimas menores de edad son seis de cada 10; en América tres de cada 10 y en Europa dos de cada 10.

Las niñas y mujeres, además, representan 50 por ciento de las víctimas de trabajo forzoso.

Qué mucho y qué poco hemos avanzado en un siglo.

En 2003 solo 33 países tenían una legislación que comprendía todas las formas del delito o la mayoría de ellas, 40 tenían una legislación parcial y en 100 ni siquiera se había legislado en la materia. Hoy más de 90 por ciento de los países tipifican el delito de trata de personas.

Sin embargo, nueve naciones aún carecen por completo de legislación en esta materia, mientras que otras 18 cuentan con legislación parcial, que únicamente ampara a algunas víctimas o solamente prevé ciertas formas de explotación. Son solo 27 países, pero tienen una densidad tan alta, que 2 mil millones de personas (28 por ciento de la población mundial) carecen de la protección jurídica que establece el Protocolo de Palermo.

Adicionalmente, los sistemas judiciales no han sido tan eficaces como se requiere. Por ejemplo, entre 2010 y 2012 en 15 por ciento de los países que cuentan con leyes contra la trata no se emitieron fallos condenatorios; en 26 por ciento se emitieron menos de 10; en otro 26 por ciento la cifra fue de entre 10 y 50, y solo en 16 por ciento se emitieron más de 50.

En consonancia con estas proporciones, en 2013 en México se inició un proceso legal contra 215 personas vinculadas a 136 casos, pero solo 26 por ciento de los procesados recibieron condena.

En el mundo, la explotación sexual (53 por ciento) y el trabajo forzoso (40 por ciento) son las formas de victimización más recurrentes. Similares porcentajes se registran en México, pues de 2010 a 2013 fueron detectados 402 casos, 58 por ciento de explotación sexual y 37 por ciento de trabajo forzoso.

En el mundo las víctimas de trata son en su mayoría mujeres (59 por ciento), niñas (17) y niños (10). El restante 14 por ciento corresponde a hombres.

En uno de cada tres casos, la explotación se produce en el país de nacionalidad de la víctima, en tanto que en seis de cada 10 las víctimas son llevadas cruzando al menos una frontera nacional.

Entre 2010 y 2012 se identificaron víctimas de 152 nacionalidades en 124 países. La UNODC localizó 510 corrientes o flujos de tránsito, tanto de desplazamientos internos como de traslados internacionales. En la mayoría de los casos los países de origen son más pobres que los países de destino.

Por ser la trata de personas un delito que agrede la libertad, la dignidad y la vida de las víctimas, y que además se expande cada vez más a costa de niñas y niños, su atención exige que por encima de la celebración de lo logrado se medite y actúe de inmediato sobre que lo que hemos dejado de hacer.

Y entre otras líneas desatendidas hay que insistir en una que suele pasar inadvertida: la trata existe porque hay miles de personas que, a contrapelo de su buen nombre, constituyen el mercado. Son los compradores, los consumidores, la soterrada "gente de bien" que paga por ser el último eslabón de la cadena.
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*Secretario general de la Cámara de Diputados y especialista en derechos humanos.

Twitter: @mfarahg