Articulista Invitado

Mujeres: el desafío de la desigualdad

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) propone enfocar la celebración del Día Internacional de la Mujer desde y hacia el “empoderamiento de la mujer”.

La lógica del lema pone el acento en el fin por sí mismo, el empoderamiento de la mujer, y su consecuencia: no puede hablarse de desarrollo, oportunidades, justicia, seguridad, si no se incluye a mujeres y hombres por igual.

Con este motivo, la ONU relanza la Declaración y Plataforma de Acción de Pekín 1995, firmada por 189 Estados miembros reunidos en China, en ocasión de la cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer.

La alusión a un documento publicado hace 20 años permite hacer un ejercicio de reflexión y evaluación respecto de lo que se ha logrado en estas dos décadas en materia de igualdad entre mujeres y hombres.

A pesar de los avances, persisten los rezagos esenciales porque, de acuerdo con Phumzile Mlambo-Ngcuka, directora ejecutiva de ONU-Mujeres, ningún país ha alcanzado esta igualdad.

En México, hemos tenido avances significativos desde que en 1953 se reconoció el derecho de las mujeres a votar. En nuestro país cada vez son más las mujeres que destacan en el ámbito de la política, la empresa, las organizaciones sociales, las artes y el deporte. Aunque siguen siendo minoría, no son ya excepción.

Sin embargo, al igual que en la inmensa mayoría de las naciones, en México es indispensable lograr, entre otros propósitos fundamentales, los siguientes:

1. La derogación de la legislación discriminatoria. Por ejemplo, en 14 entidades del país las mujeres que se divorcian deben esperar 300 días para volver a casarse y en 26 estados quien comete abuso sexual recibe una sanción menor que el que roba una vaca; hay estados en los que se exculpa a quien rapta a una mujer o comete estupro si luego contrae matrimonio con la víctima, lo que, además de un absurdo en sí mismo, se traduce en una desafortunada versión legal del matrimonio forzado.

2. Generalizar la matriculación de niñas en las escuelas. Entre las naciones del mundo, México está en el lugar 55 en acceso a la educación y en el 58 en acceso de las mujeres a la educación. Según la Unesco, las mujeres mexicanas tienen 1.5 más probabilidades de ser analfabetas que los hombres, y en el caso de las mujeres indígenas hay 15 probabilidades más de ser analfabetas que las que hablan español. En efecto, 63 por ciento de los adultos analfabetos son mujeres.

3. Aumentar la participación de las mujeres en el mercado laboral y la economía. Según la OCDE, 46 por ciento de las mexicanas en edad de trabajar tienen empleo, en tanto que la empresa Grant Thornton asegura que el porcentaje de mujeres en puestos directivos es de 23.

4. Elevar la representación de las mujeres en el Congreso. No hay duda de que en este renglón hemos avanzado, pues estamos por encima de 30 por ciento de la “masa crítica” que recomienda la ONU en los parlamentos nacionales. En nuestro país, las mujeres representan 38 por ciento en la Cámara de Diputados y 34 por ciento en el Senado. Sin embargo, en la actualidad no hay ninguna gobernadora y de las más de 2 mil 400 alcaldías, solo siete por ciento están presididas por mujeres. Precisamente por esto fue necesario incluir en la reforma política y electoral de 2013 la obligación para los partidos políticos de que la mitad de sus candidaturas sean para mujeres.

5. Abatir el rezago inaceptable que padecen notoriamente las mujeres y las niñas sumidas en la pobreza, que siguen sufriendo graves índices de marginación y violencia, objetivo en el que tenemos nuestra mayor deuda, habida cuenta de que las desigualdades sociales y económicas adquieren dimensiones ofensivas tratándose de mujeres.

Asignaturas pendientes son también el acceso igualitario al trabajo y la eliminación de la brecha salarial; la atención y solución al trabajo no remunerado; la violencia en los espacios públicos y privados; la mortalidad materna y los derechos de salud sexual y reproductiva, así como la participación en el ejercicio del poder y la toma de decisiones.

De acuerdo con la directora ejecutiva de ONU-Mujeres, se requiere un mayor compromiso de los gobiernos por promover y lograr la igualdad de hombres y mujeres, reforzar la rendición de cuentas al respecto, que los cambios lleguen a las comunidades más apartadas y marginadas, que más hombres se comprometan en la defensa de la igualdad de género y aumentar los recursos destinados a este propósito.

Se requiere, agrego, asumir el objetivo de la igualdad de género como una prioridad de atención urgente para evitar la lentitud que ha prevalecido por años y que, aun cuando ha rendido frutos, puede volvernos condescendientes y conformistas. Los avances, siempre bienvenidos, no pueden impedirnos ver los rezagos. Si bien las mujeres en los grandes centros urbanos hoy cuentan con mayores oportunidades para su desarrollo (sin que ello asegure la igualdad de género), en las poblaciones pequeñas, en las más pobres y en el campo las mujeres siguen enfrentando condiciones, hábitos y prejuicios ancestrales que reducen al mínimo sus posibilidades de romper con la explotación, la miseria y la ignorancia, lo que se constituye en una perversa y sigilosa manera de perpetuar la desigualdad.

Por todo ello, hay que reformar las estructuras, las instituciones y las normas que se oponen, retrasan o no ayudan a la consumación de los cambios.

Se necesita, fundamentalmente, un cambio cultural de fondo. Acabar con tantos y tantos resabios que la historia, la costumbre, el interés o los privilegios han sostenido por décadas, por no hablar de los siglos, que tan poderosamente sembraron raíces de inequidad.

Nadie debe excluirse de este objetivo, que demanda la participación general y constante de la sociedad, no como ente abstracto, sino como la suma e integración de todas y todos. Como dice la joven premio Nobel Malala Yousafzai, hay que alzar la voz “no para gritar, sino para que sean escuchadas quienes no tienen voz; pues nuestra sociedad no puede triunfar cuando una de sus mitades es reprimida”.

*Especialista en derechos  humanos y migración.
Twitter: @mfarahg