Articulista Invitado

#MiPrimerAcoso

¿Qué estamos haciendo para educar a nuestros hijos como hombres respetuosos y mujeres capaces de defenderse ante el abuso?

La primera vez que un hombre abusó de mí, era yo tan chiquita que no alcanzaba el número cuatro en el ascensor. Lo sé porque fue al pedirle que le apretara al botón cuatro cuando me cambió ese "favor" por que pasara antes a su casa por unos dulces.

Así comienza el valiente testimonio de Lorena, uno entre la avalancha de revelaciones de miles de mexicanas en diferentes medios de comunicación, pero sobre todo en el espacio tan personal, y a la vez tan público, de las redes sociales de Facebook y Twitter, donde el hashtag #MiPrimerAcoso llegó a ser tendencia mundial.

La conciencia de México entero fue estremecida por sus palabras —alarmantes, urgentes y dignas—, así como por las marchas que tomaron las calles de unas 40 ciudades del país para espetar un necesario "ya basta" a las violencias contra el cuerpo femenino.

Quizás el mayor impacto de este movimiento haya sido el visibilizar que el número de mexicanas violentadas es tan grande como pequeña la edad en la que el abuso se hace presente: abundan los testimonios de mujeres que a los cuatro o cinco años ya habían padecido ataques en espacios públicos y privados, en momentos tan cotidianos como asistir a la escuela o jugar con sus amiguitos.

Asombra, también, que a pesar de contar con familias amorosas, protectoras y vigilantes, sea tan generalizada la presencia de abusadores infantiles en nuestra sociedad, y que literalmente en un segundo de descuido y en cualquier espacio se cometa una transgresión contra una niña.

Las estadísticas de la impunidad alarman: según un reciente estudio de la ONU, solo 20 por ciento de las denuncias por violación reciben una sentencia firme; la gran mayoría de los denunciados ni siquiera son presentados a un juez. Asimismo, de acuerdo con el Inegi, 63 por ciento de las mujeres de todo el país ha sufrido alguna forma de violencia sexual.

Frente a esta recurrencia, es un despropósito acusar de "paranoia" a las mujeres que se mantienen en autodefensa: es claro que existe una amenaza permanente y activa en la escuela, en el Metro y hasta en el propio hogar, pues aunque hay grupos más vulnerables, la incidencia del delito está presente en cualquier sector social o nivel educativo.

El punto clave es que la existencia de tantos abusadores habla de un problema que trasciende lo judicial y lo policiaco, para instalarse en el ámbito de lo social y lo familiar. Sí, los tres órdenes de gobierno y los tres Poderes de la Unión tienen aquí un punto urgente que atender de la agenda nacional. Sin soslayar esa responsabilidad, recordemos que la principal institución que forma (o deforma) es la familia.

Es indispensable hacer una reflexión, especialmente quienes somos padres o madres: ¿qué estamos haciendo para educar a nuestros hijos como hombres respetuosos y mujeres capaces de defenderse ante el acoso y el abuso y, mejor aún, empoderadas para hacer respetar todos sus derechos?

Con el ejemplo de esas miles de mujeres que han compartido los testimonios de sus más íntimos traumas, marchando en las calles y escribiendo en las redes sociales, hoy podemos asumir el compromiso —personal y paternal— de educar a nuestros niños como la primera generación de mexicanos que vean y juzguen el abuso como lo que es: un crimen condenable, en el que la víctima no tiene nada de qué avergonzarse y el victimario merece toda el rigor de la ley y la reprobación social.

Es preciso reconocer que no hemos creado el México que niñas y niños necesitan y merecen. Por ello, visto desde una perspectiva de fondo, el mejor regalo que podemos hacer a nuestra niñez es comenzar a construir otro México, transparente, equitativo y democrático, en el que una niña pueda, por ejemplo, vestirse como mejor le plazca y una mujer pueda ir por las calles y viajar en el transporte público en paz, con tranquilidad y seguridad.

Al asombro y la indignación que produce leer los testimonios de #MiPrimerAcoso se suma otro sentimiento, más grande, poderoso y esperanzador: el de que existe conciencia y valentía en la mujer mexicana para desterrar este flagelo social, que será erradicado definitivamente cuando nos sumemos los hombres a esta gran labor de educar a niños y niñas de hoy en el respeto a la mujer, su integridad y sus derechos.

*Secretario general de la Cámara de Diputados y especialista en derechos humanos.

Twitter: @mfarahg