Articulista Invitado

Día mundial de la Mujer: por un planeta 50-50

La desigualdad no es un concepto vacío: implica sufrimiento, desventaja, injusticia, padecimientos e incluso muerte violenta.

La Organización de las Naciones Unidas ha propuesto para la celebración del Día Internacional de la Mujer en 2016 el tema: "Por un planeta 50-50 en 2030: demos el paso para la igualdad de género". La expresión 50-50 da idea del propósito de equidad, subraya la proporción cuantitativa de mujeres y hombres y, sobre todo, sugiere la igualdad cualitativa, la que niegan los individuos o las sociedades que regatean a la mujer respeto, participación y justicia.

Qué largo y tortuoso ha sido el camino de la humanidad para alcanzar la igualdad de género. Avanzamos lentamente hacia un objetivo que debería ser natural y elementalmente justo y que, sin embargo, se asemeja a un camino escarpado, en el que surgen o se mantienen múltiples obstáculos y aferrados opositores.

La igualdad de género no es concesión de nadie, sino un derecho de todos. Su plena vigencia no debería suponer esfuerzos especiales ni dilatadas luchas. Pero dado que las diversas culturas han impuesto, aceptado o heredado conscientemente o sin reparar en ello privilegios de poder y ventajas a los hombres, se hace indispensable impulsar, promover y defender un principio fundamental: la universalización de los derechos.

En todos los países, en mayor o menor grado y de diversas formas, está presente la falta de respeto, la exclusión, el abuso, el menosprecio, el insulto, la agresión hacia las mujeres.

Lo anormal se impone como normal. Esta normalización de la injusticia hace que millones de personas ni si quiera la adviertan, seguros de que es así porque así debe ser. Tal percepción no pertenece a tiempos remotos ni es exclusiva de países distantes. En nuestro propio tiempo y entorno hay visiones así, y son tantas que a veces parecen dominar la escena nacional, regional y mundial.

Porque la normalización de la injusticia provoca ceguera, la ceguera indiferencia y la indiferencia más injusticia, debemos desarrollar nuestro mayor esfuerzo y poner en juego todas nuestras capacidades para revertir esta visión, respecto de la cual ni siquiera tenemos el recurso de culpar a nuestros ancestros. Es el hoy lo que tenemos que cambiar, sin hacer del pasado un lastre o un argumento.

La desigualdad entre hombres y mujeres no es un concepto vacío: implica incuantificable sufrimiento, desventaja, injusticia, dolor, padecimientos inimaginables e incluso muerte violenta.

Todos los seres humanos, infortunadamente, estamos expuestos a padecer abusos o delitos, pero los hay que se cometen contra las mujeres por el hecho de serlo. Y con frecuencia sobre el agravio cae la burla, la apatía y hasta la acusación.

Por ejemplo, apenas hace unos días, al asesinato de dos jóvenes mujeres argentinas en Ecuador, sobrevinieron en las redes sociales acusaciones no hacia los victimarios sino hacia las víctimas: se lo habían buscado por no viajar acompañadas por un hombre, por su manera de vestir, por querer ser independientes. Libre y espontánea como es la expresión en las redes sociales, sobrecoge la interpretación, la diatriba, el escarnio de quienes acusaron a las víctimas de culpables: si les pasó, es que lo merecían.

Contra estas oscuras convicciones, prejuicios y absurdos hay que luchar.

Y contra toda una estructura cultural misógina.

Y contra el desdén atávico hacia las mujeres.

Y contra legislaciones inequitativas, instancias de justicia tendenciosas, visiones excluyentes, y arraigados convencionalismos.

Y contra quienes se arrogan el inexistente derecho de abusar de las mujeres.

Para lograr avances en esta necesaria y gigantesca tarea hay que trabajar en la igualdad entre géneros, en el empoderamiento de las mujeres y en la difusión y protección de sus derechos.

No hay argumento que justifique la apatía y nada hay que nos excluya de esta lucha.

Algunos podrán, enhorabuena, entender el principio de igualdad entre géneros e identificarse con este objetivo; a los que no alcancen a comprender esta abstracción, habrá que sugerirles que piensen en las mujeres que aman, madre, esposa, hija, sobrina...

Si en sus rostros pueden ver a todas las mujeres, podrán entender la importancia de esta causa.

*Secretario general de la Cámara de Diputados y especialista en derechos humanos.
Twitter: @mfarahg