Articulista Invitado

Día del niño: infancia mexicana, a la sombra de la violencia

De acuerdo con estudios de la OCDE, el "bullying" afecta a más de 18 millones alumnos de primaria y secundaria.

Trata, violencia, explotación, son palabras que jamás deberían ir acompañadas del adjetivo “infantil”, pero son una desgarradora realidad para miles de niñas y niños mexicanos. Inocentes que, en vez de jugar a ser doctores, simulan ser sicarios y algunos incluso lo son; aquellos quienes no van a la escuela sino a campos agrícolas donde son esclavizados; pequeños que ven su vida cicatrizada para siempre por la prostitución y la pornografía.

En el paisaje internacional nos distinguimos por tener el primer lugar en casos de bullying. Según estudios de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), esta perniciosa y traumática práctica afecta a más de 18 millones de alumnos de primaria y secundaria. En la mayoría de los casos, los abusadores repiten patrones de agresión y violencia aprendidos en sus hogares, pasando a otros el golpe que primero les fue propinado a ellos; en otros pocos, simplemente roban a sus compañeritos la comida que sus padres no les pudieron proveer.

Más grave todavía es la trata, una perversa cotidianidad que sufren miles de niños, como mostró el Departamento de Estado de EU al señalar en su informe 2014 que nuestro país es lugar de tránsito, destino y reclutamiento para la prostitución infantil.

Hay una situación igualmente dolorosa: la de los miles de niños que se han quedado sin padres a causa de la violencia relacionada con el narcotráfico. Por poner dos ejemplos: reportes periodísticos hablan de 20 mil huérfanos en Chihuahua y siete mil en Michoacán, pero la verdad es que no se cuenta con una estadística fidedigna sobre esta generación marcada por las balas y el terror.

Tenemos también millones de casos de niños “huérfanos con padres vivos”, aquellos de quienes alguno de sus progenitores jamás se ocupa emocional o económicamente. Esta sola cifra tiene que avergonzar a nuestra sociedad: solo en tres de cada diez casos se cumple con el pago de la pensión alimenticia, lo que lanza el claro mensaje a los hijos de no ser amados ni apoyados por sus propios progenitores.

Lamentablemente, muchos miembros del Estado no están a la altura de lo que este trágico panorama les demanda. El caso más flagrante es de esos maestros que renuncian a su deber y el tiempo que deberían estar en las aulas lo utilizan para el activismo político, dejando irremediables huecos en la educación de millones de alumnos, generándoles una desventaja competitiva y cultural, justo en estados como Guerrero, Oaxaca y Chiapas que presentan los mayores retos en lo económico y en lo social.

La triste realidad es que, como señaló el Unicef, “gran parte de esta violencia, que incluye la física, sexual, psicológica, discriminación y abandono, permanece oculta y en ocasiones es aprobada socialmente”. Para vergüenza nuestra, como padres, como ciudadanos y sencillamente como seres humanos, somos corresponsables de vivir en una sociedad en la que 40 millones de niños corren el riesgo de enfrentar situaciones violentas. Es un asunto que trasciende el gobierno, el Estado, las escuelas, y que se inscribe en nuestra manera de concebir la familia.

Afortunadamente hay rayos de esperanza. Por ejemplo el Coro Suma de Voluntades, en el que más de tres mil niños michoacanos hacen de la música un camino para escapar de la violencia. O el programa, pleno de humanitarismo y solidaridad, Niños Mediadores, que en varios estados del país ha capacitado a menores para resolver con la palabra y actitud conciliadora casos de bullying, pérdida de objetos o pleitos entre sus compañeritos de escuela.

Niñas y niños nos muestran así que sí se puede cambiar, que la paz no es una utopía, que hay salidas al laberinto de violencia que varias generaciones de adultos hemos construido. Esa inocencia infantil es la que nos permite afirmar que, a pesar de los augurios en contra, nuestra patria tiene un futuro luminoso, tanto como los corazones de los niños mexicanos.

*Secretario general de la Cámara de Diputados y especialista en derechos humanos