Articulista Invitado

Cero tolerancia a la violencia contra las mujeres

No puede haber desarrollo social que alcance ni crecimiento económico que baste si no hay equidad y trato digno.

En sociedades que avanzan decididamente hacia mayor igualdad, justicia y equidad, la violencia de género es una amenaza contra la democracia, la paz y la estabilidad de nuestros países.

Michelle Bachelet*

 

Hoy se celebra el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Por una parte, qué bueno que exista esta fecha, rinde tributo a todas aquellas mujeres que tristemente han sido víctimas de la violencia. Por la otra, qué triste que daba existir.

A escala mundial, la violencia contra las mujeres es una práctica que aún está muy lejos de ser erradicada. Si no estuviera tan extendida, si no prevaleciera una “cultura” que agrede, margina, excluye y somete a las mujeres, no habría sido necesario que la Asamblea General de la ONU aprobara en diciembre de 1993 la Declaración de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

El consenso solo pudo lograrse 12 años después de que el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, celebrado en 1981 en Bogotá, Colombia, impulsara este reconocimiento mundial a la existencia de la violencia de género, enarbolando como símbolo a Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, asesinadas cruelmente el 25 de noviembre de 1960 por órdenes de Rafael Leónidas Trujillo, dictador de la República Dominicana, como respuesta al activismo político de las hermanas.

La existencia de este día internacional solo hace sentido si hacemos de esta fecha un punto de partida anual que sirva para analizar qué tanto se ha hecho para combatir sistemáticamente la violencia contra las mujeres.

Pasemos, pues, de la conmemoración a la conciencia. Echemos un vistazo a nuestro trabajo constante y organizado, a nuestro comportamiento de cada día y a nuestra cultura del respeto. Sí, a esa cultura que solo se construye paso a paso, a través de la constante aplicación de nuestras normas sociales.

Hoy es un buen día para recordar que aún tenemos que apretar el paso en nuestra lucha por los derechos humanos de todas y de todos. Si bien es indispensable hacerlo en favor de toda la población, tratándose de las mujeres resulta por demás urgente.

Esta lucha representa un desafío de gran calado. Se opone a una serie de prácticas ancestrales injustas que algunos sectores de la sociedad no solo aceptan, sino que todavía promueven bajo un manto de aparente “legitimidad”.

Según la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares 2011, del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en México las mujeres son violentadas física, económica, sexual o patrimonialmente.

En nuestro país, 46 de cada 100 mujeres mayores de 15 años sufren algún tipo de violencia. La encuesta reveló que 11.5 por ciento de los mexicanos (hombres y mujeres) justifica los golpes que se puedan propinar a una mujer.

Así, una de cada 10 personas, es decir, poco más de 13 millones de mexicanos, están de acuerdo con la violencia ejercida contra las mujeres.

El INEGI destacó que 13 de cada 100 mujeres en México han sido golpeadas, amarradas, pateadas, han sido objeto de ahorcamiento o asfixia o agredidas con armas por sus parejas. Además, a siete de cada 100 les han exigido, forzado u obligado a tener relaciones sexuales.

En cuanto al entorno o circunstancia en el que se produce la violencia, el porcentaje más elevado corresponde a la comunidad, con 39.7 por ciento; le sigue la violencia laboral, con 29.9; la intrafamiliar, que alcanza 15.9, y el bullying o violencia escolar, con 15.6.

Lo que más llama la atención de la encuesta es el alto porcentaje de mujeres que dijeron haber sido víctimas de violencia “en la comunidad”. La comunidad es el centro de nuestra vida cotidiana. Es nuestro refugio, es el sitio al que solemos acudir para sentirnos acompañados por los “nuestros”, es el conjunto social al que pertenecemos y el que debería ser nuestro principal espacio de empatía, solidaridad, seguridad y respeto.

Igualmente trágica resulta la violencia en el trabajo, esto es, la inequidad, sometimiento, exclusión y acoso como prácticas laborales; en el hogar, con hombres que golpean a sus esposas enfrente de sus hijos; en la escuela, lo que remite necesariamente a crueles experiencias en la infancia o la adolescencia.

Los datos sacuden, más aún sabiendo que muchos son los que perciben esta realidad como aceptable. Por eso hay que combatir la violencia de género, tan arraigada en nuestras conciencias como en nuestras prácticas consuetudinarias.

México no podrá avanzar, ni afirmar que avanza, en tanto prevalezca la desigualdad de género, que lleva al comportamiento sexista y que deriva en la violencia contra las mujeres.

No puede haber desarrollo social que alcance ni crecimiento económico que baste si no hay equidad y trato digno para todas y todos los integrantes de nuestra sociedad.

En consecuencia, nuestra tarea es impulsar, a la par que todos los indicadores económicos y sociales, la insustituible fortaleza que conquista el país que respeta, valora y defiende a sus ciudadanas, y que les ofrece seguridades, certezas y dignidad de vida.

El Día Internacional para Eliminar la Violencia contra la Mujer no debe pasar inadvertido. Al tiempo que debe ser fuente de conciencia e inspiración, debe ser también un llamado urgente a las instituciones y a la sociedad mexicana para respetar y hacer respetar los derechos humanos de todas y todos.

Twitter @mfarahg
*Candidata presidencial chilena.