Fosa común

En la web: ¿Literatura para no lectores?

A @VanHarlow

Conocer a un tuitero en la vida real es uno de los actos más antinaturales de los cuales podemos dejar constancia en nuestros días. Y hay, de vez en cuando, algunos locos a quienes se les ocurre llevar a cabo tal barbaridad. La reunión con Van, si bien grata, surtió en mí un efecto combinado de extrañeza y alegría. Extrañeza porque es difícil imaginar que la TimeLine de algún ser humano tenga, en la vida real, un cuerpo que respire y frunza el ceño y mueva sus dedos de tal modo que la pantalla táctil de su teléfono pueda dar las instrucciones al aparato necesarias para que el proceso desemboque en el tuit. Alegría porque Van, a diferencia mía, es un tipo interesante que puede llevar la charla por buen cauce tanto en la red como en persona. En alguna instancia de la conversación, mencionó un concepto en el que yo había pensado, pero no logrado definir tan bien como, me parece, él sí lo ha hecho: la literatura para no lectores.

Los libros que leemos Van y yo son, en su mayoría, libros para lectores. Esa literatura que tanto nos gusta poner en letritas de oro y, cuya lectura, pareciera colocarnos en un estamento superior al del sencillo lector de la nota roja, por poner algo. Es aquí donde hace falta delimitar un poco los términos que, al menos para el fin de este texto, desarrollaré. Los “lectores”, para el caso, son aquellos que han leído muchos libros y,  debido a tal exposición a la palabra escrita, tienen una experiencia de lectura más profunda. Lectores profesionales, pues. También existen lectores menos experimentados (en todo, o casi, hay matices) y finalmente aquellos que, si bien ejercitan la lectura en espacios ajenos a lo literario, no son eso que entendemos por “lectores”. Ellos son los “no lectores” a los que se refirió Van esa tarde en que nos refugiamos en un café del centro del D.F. porque afuera... ¿llovía? No me acuerdo.

Es claro que hay escrita mucha literatura para lectores. Y, para no lectores, más allá del efecto best-seller, existen pocos libros que en su sencillez no sacrifiquen por completo el valor que tendrían como obras literarias. Van habló de las redes sociales, de ahí salió el concepto. Así que los “no lectores” en los que pensamos son, a la vez, lectores de tuits, estados de facebook, y así. Para estos “no lectores” está surgiendo (o “surgió”, en tiempo web) una interesante y refrescante oleada de escritores (¿o “no escritores”?) con un perfil de lector bien definido. Pienso en aquello que Steve Roggenbuck, poeta estadounidense cuya base de actividad creativa es la internet, denomina “internet poetry”. Poesía, o asomos a lo poético en su forma más primitiva, llevada a cabo bajo el auspicio y lenguajes de la red. Poesía (principalmente, por su brevedad, pero también hay narración) cuyo lector modelo son los jóvenes, puesto que ocurre en espacios como Twitter, Tumblr y hasta en los blogs. Así, la única experiencia de lectura requerida es la experiencia que ofrece la navegación. Sin más.

Las referencias a otras obras literarias no son la principal preocupación. Sí lo son los enlaces de pensamiento a memes de la red, modismos como el uso de #, y –esto es importante– la brevedad. Todo acomodado de tal modo que uno pueda leer el texto (poema, narración, poema-narración, narración-poema) en pocos minutos antes de volver al feed de la red social en turno. Existen muchas preguntas que podemos (o debemos, pero sólo si nos importa) hacer al respecto: ¿Funciona esta literatura fuera de su zona de confort? ¿El desconocimiento del lenguaje de la red impone una nueva restricción para otro potencial y desconocedor grupo de lectores? ¿Es, siquiera, esto literatura? Todo esto lo iremos descubriendo en el camino. Mientras tanto, la cantidad de cibernautas interesados en estas posibilidades de la palabra escrita crece y crece. Y a mí me entusiasma que nuevos caminos se abran a la literatura, a la poesía, pero sobre todo al lector. O, más bien, debiera escribir, al no lector.

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