Fosa común

A propósito de cierto (des)ánimo mundialista

Hace unos días, preparaba, junto con el crew de metascopios.com, la primera de una serie de entrevistas a creadores y colectivos artísticos locales que integrarán el especial de verano (próximo a anunciarse; sí, esto es un comercial) que tan importante será para la difusión de la cultura no-oficial local y, por qué no decirlo, del propio sitio web. Mientras se planeaba el lanzamiento de los vídeos, llegamos a la siguiente conclusión unánime: no competir con el mundial de futbol. No competir no significa, necesariamente, anexarse a la discusión encarnizada (este sería un gran momento para publicar nuestras más íntimas perversiones, si no llevan “mundial” en el título nadie va a leerlas), sino que bastaría con lanzar una opinión. Al menos es ese el camino que elijo, el que me parece más sensato.

El gran grueso de los comentarios (en las redes, calles, cantinas, el Vaticano, medios oficiales y no oficiales) se desarrollan en torno al más importante acontecimiento deportivo de la vida. Hasta cuando se habla de las protestas, tan justas y tan necesarias, se está hablando del futbol. Se parte del futbol o se le acaba por condenar o por decir que el deporte no es el culpable de tanta injusticia, en fin... el mundial que se celebra en Brasil es mediáticamente omnipresente. Y si me tomé el tiempo de redactar semejante obviedad es sólo porque me parece que eso es algo a lo que hay que ajustarse.

Me parece ridículo asumir la siguiente postura (o collage de posturas): odio el futbol, qué oso su patriotismo de ocasión, eh, yo prefiero no hacerme ilusiones, a fin de cuentas México siempre acaba eliminado en octavos; cómo crees que voy a ver el partido si en las calles de Sao Paolo están azotando a los manifestantes... etcétera. Está bien el activismo de sillón, igual y hasta es necesario (como es necesario perder la casa para aprender a moderar nuestras apuestas), pero me molesta que lo pongan al servicio de afirmarse cierta supuesta superioridad intelectual. Tan de moda que está ponerse en contra de lo que a los demás les gusta solamente porque les gusta y nada más por estar en contra. Tan romántica que se me antoja la idea de una “juventud comprometida”, cuando es evidente que la única causa que nos roba el sueño es acaso la nuestra (inserte marca generacional aquí).

Sobre el “patriotismo de ocasión”, pues qué más quieren. Ojalá hubiera cosas más importantes que una victoria de la selección mexicana para despertar ese sentimiento de orgullo en nuestros pechos... la verdad es que yo mismo, en este momento, no las hallo. No puedo estar contento con mi país porque mi país no es lo que yo quiero de un país, desde los que lo gobiernan hasta el vecino que se roba mi señal de wi-fi (ese vecino soy yo y somos todos). Entonces, sí, perdonen que celebre un gol y me ponga la playera verde un día o dos, pero es lo más cerca que estaré de honrar a mi patria.

Me gusta la confluencia de voces, mucha gente lanzando opiniones sobre la misma cosa. Me gusta ver los partidos de México, gritar un gol y abrazar mis amigos (como en los comerciales de cerveza), ilusionarme para después sentirme del carajo, y luego volver a mi vida. El futbol, como el amor, el Internet y las otras drogas: para emocionarse un rato, hartarse y quizás volver. Agradezco cualquier oportunidad que se me presente para evadir la realidad, será porque creo que a esta realidad lo mejor que podemos hacerle es evadirla. Relajar y disfrutar, esa es mi propuesta. YOLO, que le llaman. Total, es una vez cada cuatro años.

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