Fosa común

Esto no es poesía

El canon, en lo que respecta a la literatura, es fundamental. Es la evidencia histórica de todo cuanto sensiblemente ha sido escrito. El canon es la única posibilidad literaria hasta que se demuestre lo contrario, eso lo sabemos. Y sucede, más o menos, de este modo: un grupo de escritores (o un individuo) comienzan a escribir de un modo que pone en entredicho los límites establecidos, o delineados, o sugeridos, o imaginados, por el canon. Las primeras impresiones, del lado de los desafiados, son de total rechazo. Esto no es poesía. Esta no es una novela. Quién le dijo a estos muchachos que hacían teatro. Alguien por favor enséñele a estos otros a contar una historia. Y así, casi siempre, comienza la discusión.

No sé si alguien se encargue de hacer este tipo de estadística, pero seguramente gran parte de los poetas activos de nuestra lengua escribe en verso libre. Esto no quiere decir que ninguno de ellos haya escrito alguna vez un soneto o una décima (o crecido nutriéndose de la más clásica tradición), pero serán pocos los que, en estos días, los publiquen. No hace falta ser un erudito para saber que, años atrás, el verso metrado era el canon. Así pues, estamos frente a una pista de cierta evolución: el verso libre sustituyó, por así decirlo, al verso metrado como canon. Y así, seguramente, podemos hacer el recorrido hacia atrás en la historia de la literatura para dar cuenta de cierta cualidad de ciclo en estos procesos.

Hay quien afirma que el canon actual es demasiado permisivo. Que algo de poesía se ha perdido en la gran libertad que promete. Que lo poético se siente mejor y es más él mismo cuando está lustrosamente acomodado entre una distribución específica de los acentos, una cantidad determinada de sílabas. Que hay que volver, para aferrarnos a alguna certeza en esta época de volatilidades, a las formas no sólo en la lectura, lo cual resulta obvio y necesario, sino también en el ejercicio y en la final publicación. Me pregunto si estamos frente a una vuelta de tuerca. Si el canon está próximo a renovarse al volver a cierto origen. Pienso también en los naturales virajes temáticos. En este momento hay poetas escribiendo sobre videojuegos, sobre twitter y sobre la guerra en Siria. ¿Veremos, pronto, a estos poetas escribir sobre asuntos tan actuales en las formas que se explotaron hace más de cien, doscientos años? Ciclos, ciclos y ciclos.

Si ya sabemos, o estamos más o menos conscientes, de que esto seguirá sucediendo mientras el ser humano se mantenga fiel a su impulso de expresión sensible mediante el lenguaje, ¿por qué nos seguimos impresionando? ¿Por qué sigue el debate y sigue la trifulca y la enemistad y el rechazo a los que escriben fuera del canon en el que estamos inscritos? ¿Por qué seguimos diciendo que no es poético escribir sobre el Nintendo 64 o la pantalla de los smartphones? ¿Por qué pensamos que se trata de  poesía efímera, que sólo es efectiva en este momento específico de nuestra historia? ¿Acaso nadie leerá, dentro de cien, doscientos años, estos poemas y sabrá, no sólo que existieron tales cosas, sino de aquello que sintieron los poetas de la época al vivirlas? ¿no es lo mismo que pasa cuando leemos un poema sobre la Segunda Guerra Mundial? ¿por qué de esos ya no nos quejamos? ¿No son universales e intemporales, a pesar de los temas, las emociones?

No nos quejamos porque ha pasado lo mismo que pasará eventualmente con los nintendopoemas, con la poesía de twitter, etcétera. Porque la poesía, y esto es un avance, nos ha demostrado que no es exclusiva de una forma o un conjunto de temas. Y que mientras/aunque se escriba de temas actualísimas, se seguirá acudiendo a los más universales sentires para que la poesía exista. Sólo cambia la envoltura, por ponerme laxo, sin embargo el contenido, la esencia, lo medular, permanece. Aceptemos lo que la historia nos ha enseñado. Escribamos como locos y escribamos también como nuestros maestros de otros tiempos. Aventurémonos a descubrir que nuestra época nos ha dejado una libertad gigantesca. Que quizás la perorata de los que dicen “ahora ya todo mundo puede ser poeta” es cierta. ¿No era eso lo que queríamos, a fin de cuentas? ¿No nos quejamos del papel marginal que juega la poesía en nuestro tiempo? ¿No queremos más poetas, porque entre más seamos más oportunidades hay de que aparezca por ahí alguno verdaderamente bueno? ¿Por qué somos ahora tan envidiosos y no queremos dar las llaves de la ciudad, país, continente de la poesía a quienes la demandan? Ciclos, ciclos y ciclos. Exploremos toda la poesía, que para eso está, y, además, es completamente nuestra.

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