Fosa común

Lo que pienso del Komander

Llegar, a estas alturas de la vida, a hablar del Komander sería como contar un chiste del que ya todos se rieron y aun así insistir en explicarlo. El señor Alfredo Ríos (o debo decir: su obra) , conocido por todos nosotros como “el Komander”, sin embargo, no es ningún chiste, y yo he llegado tarde a peores cosas.  Eso sí, pretender decir algo nuevo sería, de plano, inventar el hilo negro y pues no. La cosa va más o menos como sigue. Ni más ni menos: va como sigue. En la Edad Media, los juglares. En el siglo XXI (lo que va de eso), el Komander. Ellos, desde su tiempo cantando las hazañas de sus héroes. Él, desde el nuestro, cantando las de los suyos. O “anti-héroes”, ¿cabría decir? Es lo mismo, solito me pregunto y solito me respondo. Y si son lo mismo es porque, al final, la glorificación es algo que está. O, ¿a poco han oído o se saben de memoria corridos sobre narcos arrepentidos de ser narcos? Si es así, no sean malitos, échenme un derecho de réplica al respecto. Hablo en serio, estoy seguro que los hay, con lo expandido que está el género... Pero ese no era el punto. Si dije esto es porque estaba diciendo una cosa sobre algo que me remitió a esta otra en un magnifico efecto dominó del pensamiento. ¿No es maravilloso el funcionamiento de nuestros cerebros? Y pensar que hace apenas algunos milenios estábamos azotando nuestros cráneos con un mazo en el interior de una caverna. Mientras escribo eso estoy escuchando a Yung Lean decir “imma die as a legend” en mis audífonos y alrededor mío pasan, como todo el tiempo, cosas que no he todavía terminado de comprender cuando ya son algo más. ¿Cuántos de nosotros, los que leemos y el que escribe, moriremos como leyendas? Del 0 al 10 ¿qué tan narcisista es haber respondido afirmativamente a la pregunta anterior?. La otra vez, en Facebook, un poeta escribió que los escritores que desdeñan a sus críticos llamándolos “haters” (odiadores: qué feo suena en español, por eso adoptamos el anglicismo, se me hace) no merecían ser tomados en serio. ¿Ustedes creen que merecen ser tomados en serio? Yo no, pero sí he hallado a “haters” donde he buscado críticos. Y todo lo que se enojan con lo “acríticos” que somos los chavos, chavos. En fin. Una de las respuestas, de un joven poeta y amigo, al post decía que los escritores que se creen tan importantes como para ser odiados no merecían la pena de ser tomados en serio. Yo ahí veo dos cosas. Una: que no creo que haga falta ser importante para generar odio. La otra, como bien dice Zermeño, es que es ridículo pensar que uno como escritor pueda llegar a ser importante. ¿Haters? ¿Saben quién tiene haters en serio y no sus payasadas de tirarse indirectas vía su columna en el Milenio Hidalgo? El Komander. Ese tipo tiene haters. ¿Por qué? Porque es importante. Y es importante por dos cosas: por la que ya dije y tiene que ver con la tradición oral, pasar historias de boca en boca y que cada una de estas bocas funcione a la vez como intérprete y autor (muerte al Copyright) siempre y cuando, eso sí, se mantenga la forma: que no sobren ni falten sílabas. (Creo que acabo de describir, sin, querer, el proceso creativo de muchos de los “poetas” que circulan por ahí en estos nuestros tragicómicos días.) Entonces, el Komander es, en el sentido más elemental de la palabra, un poeta, ¿no?. Si la respuesta es negativa, habría que dejar de enseñar El cantar del Mío Cid como “literatura” en las escuelas. La otra cosa, antes de pasar a asuntos más importantes que leer y escribir, por la que el Komander es importante es porque se apropia del discurso -drogasarmasdinero- del gangsta rap. ¿Y por qué eso es importante? Porque la humanidad necesita que los poetas hablen de drogas, armas y dinero. No sólo de nenúfares y amaneceres vive el hombre, ¿o sí?. La drogas, las armas y el dinero (dinero, dinero) son aspectos de la realidad que necesitan ser cubiertos por aquellos que se encargan de cubrir la realidad en exclusiva y en directo para el futuro.  O séase los escritores, los poetas. Que viva el Komander, pues, y que le den todas la llaves de todas la ciudades que se merece (que son todas).

Antes de finalizar, lectores entusiastas, me gustaría hacerles una breve encuesta: Usted considera, luego de haber leído lo antes expuesto, que: A) ¡Fierro, viejón! B) Mi argumentación es pobre. C) Es peor el inglés de Peña Nieto.

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