Fosa común

Tres conflictos


El hombre contra la tecnología:

Alguien que se toma una selfie durante el funeral de su madre. Alguien que no sabe si es él o el él que es cuando tuitea desde una cuenta alterna. Alguien que espía el celular de su pareja y lo sabe todo, pero no dice nada. Alguien que envía fotos de su cuerpo desnudo a un desconocido. Alguien que envía fotos del cuerpo desnudo de un desconocido a otro desconocido. Alguien que mira el cuerpo desnudo de un desconocido. Alguien que sueña con el cuerpo desnudo de un desconocido (lo mira cada noche antes de dormir). Alguien que entra a la deep web, compra un rifle, activa el mecanismo que tapiza de sesos su cuarto y programa la publicación de una carta póstuma en Blogger. Alguien que publica un poema en Tumblr bajo seudónimo porque teme ser juzgado. Alguien que no sabe si a su nombre le antecede un # o un @ porque no sabe si es un lugar en el mundo o una categoría o una sencilla procesión de bits. Alguien que piensa: el futuro de nuestra especie nos espera con  pulgares atrofiados por el scrolling. Con corazones atrofiados por el trolling. Pulgares-corazones hiperarticulados (atrofiados) por culpa del scrolling-trolling. Alguien piensa: evolución. Alguien piensa: pendejadas. Alguien que asesina en tiempo real para millones de espectadores (ellos siempre piden más). Alguien que ordena fármacos controlados a un laboratorio en India. Alguien que recibe un sobre vacío. Alguien que envía un sobre vacío. Alguien que es un sobre vacío que pende sobre el vacío: @sobrevacío. Alguien que espera un mensaje que jamás llegará. Alguien que sólo puede mirar a la persona que ama a través de su perfil en Facebook. Alguien que sólo puede ser a través de su perfil de Facebook. Alguien con millones de seguidores y nadie que le espere con la cama hecha. Alguien que se pudre entre notificaciones y pensamientos suicidas. Alguien que piensa: la soledad no termina donde el like comienza.

El hombre contra la realidad:

Escribimos porque la realidad no es suficiente. Exhalamos el humo porque la realidad no es suficiente. Dibujamos porque la realidad no es suficiente. Tragamos el ácido porque la realidad no es suficiente. Disparamos con la lente apuntando a ninguna parte porque la realidad no es suficiente. Hasta que ocurre. La realidad ocurre. Entonces comenzamos a callar. El silencio que se apodera del mundo como la negrura que devora el día y sus certezas transparentes. Tragamos pastillas porque la realidad es demasiado para nosotros. Nuestras pisadas desaparecen de la memoria de las calles porque la realidad es demasiado para nosotros. El sarro se acumula en los ventrículos de nuestros inmóviles corazones de hormiga porque la realidad es demasiado para nosotros. El pulgar reposa todo su peso sobre el émbolo adherido a nuestras venas adelgazadas porque la realidad, eterna enemiga, es demasiado para nosotros.

El hombre contra el autor:

A está sentada esperando a que pase el tren que la llevará a encontrarse con su madre a la mitad de la novela. Hace doscientas cuarenta y cinco páginas que no sabe nada de ella y eso comienza a desesperarla. A espera mientras lee una libro ruso que le aburre, aunque en la novela ella se decanta en su lectura y no percibe siquiera el paso del tiempo. A quiere ponerse de pie, dar unos pasos alrededor de la banca en la que está sentada, encender un cigarrillo sólo por encenderlo, hablar con alguien sólo para matar minutos. Sin embargo, debe esperar durante largas horas hasta que anochezca y el tren y su humo y su chu-chu aparezcan por el horizonte. Leyendo el libro que la aburre. Y no olvidemos que no ha visto a su madre, A no ha visto a su madre hace siete capítulos y no deja de extrañarla. Se pone de pie. La computadora en la que el escritor teclea esta tarde en este preciso café comienza a calentarse más de lo habitual. A se pone de pie, enciende un cigarrillo y comienza a hablar con alguien que no existe. Las letras en el documento del escritor comienzan a enloquecer en remolinos. El ventilador de la máquina se acelera como el motor de un jet supersónico. A camina por todo el lugar, se cambia el nombre a L, decide ser un muchacho y no una chica, salta entre capítulos, piensa: al carajo la anciana de mi madre, y, una noche en la que no pasaba nada, aparece en el departamento de A y le hace el amor como jamás podrá volver a hacerlo porque el ordenador ha colapsado y el archivo se ha borrado y el autor una vez más  ha sido derrotado.

jmrn23@gmail.com