Fosa común

En Pachuca las editoriales artesanales (e independientes, en general) apestan muchísimo

RANDOM DISCLAIMER: Pachuco

 Press quizás sea la única que se

 salva de lo que a continuación

 vomitaré, pero no sé si todavía

producen libros.

Con el invento del ‘libro cartonero’ se abrió una posibilidad casi milagrosa para editar libros reduciendo considerablemente los costos de producción y, por lo tanto, del precio del producto final. Posibilidad milagrosa porque, a partir de la basura, se creaban objetos de alta cultura como son los libros. Todo muy bonito, sí, pero recordemos que eso sucedió durante un periodo histórico de la humanidad que en el futuro conoceremos como ‘el mundo pre-internet’. Ahora, en el 2015, si fulanito tiene un libro y ninguna editorial quiere publicarlo porque es muy joven o muy viejo o muy bueno o muy malo o simplemente porque el mundo tiene cosas más importantes que pensar antes de preocuparse por editar un libro (oh, la realidad), la opción por la que fulanito seguramente se inclinará será la de autoeditarse el asunto y colgarlo en la red en formato .pdf. Pero, pongamos que fulanito además de escritor es pachuqueño (sin afán centralista, uno escribe de lo que conoce), y acaba de leer (mal) a Ulises Carrión entonces piensa demasiado en el libro, físico, como objeto de arte… ¿cuáles son sus opciones?. Recordemos que fulanito, además de escritor y pachuqueño, tiene un mal cardíaco: la decepción podría, literalmente, matarlo. ¿Cuáles son sus opciones, pues, para publicar su libro artesanal, decentemente? Tú que me lees conoces (o tal vez no) las editoriales artesanales, las ‘cartoneras’ pues, que existen en Pachuca. Has visto su trabajo, hojeado sus catálogos. Y has hojeado también los libros que produce 2.0.1.3.editorial, la cartonera que dirige el poeta mexicano Yaxkin Melchy. Has tenido entre tus manos cualquier libro editado por Ediciones Y Punto, de Cuernavaca (que no es propiamente una editorial ‘cartonera’, sino el epítome de eso a lo que nos referimos cuando decimos ‘edición artesanal’). O lo de Simiente, edición artesanal, que no cartonera, pero un esfuerzo independiente que produce libros elegantes y resistentes. ¿Por qué en Pachuca no nos iluminaste así, padre nuestro? ¿Por qué las únicas ediciones decentes a las que puede aspirar uno como autor son las de el consejo de cultura? ¿O sólo nos queda la alternativa, prefigurada por Carrión, de —además de escribir nuestros libros— diseñarlos y editarlos para al final sólo pagar los servicios de impresión (porque nomás para eso sirven nuestras editoriales independientes - pienso en el caso de alb@tros PRESS, porque lo conozco) para tener entre las manos un libro decente? Y que, carajo, el resultado no se acerque en lo más mínimo a otras cosas que hemos visto en lugares donde existe una preocupación por producir libros bonitos, objetos de arte. Que por eso son diferentes las editoriales independientes de las grandes transnacionales: porque producen libros que ofrecen al lector una experiencia de lectura diferente a la del libro comercial, una experiencia más gozosa en todos los sentidos. No se trata de convertir la basura en más basura, botar a la alquimia fuera de la ecuación. Si toda labor de escritura significa convertir la basura de vivir todos los días (jajaja) en algo entrañable, ajeno al paso del tiempo, hermoso (JAJAJAJA), ¿por qué no podemos hacer lo mismo con el objeto que, temporalmente, contendrá aquello que tantas horas de inspiración (soledades en llamas) nos costó casi la carne? Malpintar dos cartones chuecos y pegarlos con pritt lo hace cualquiera. ¿Dónde está el arte? Y eso por hablar solamente de los libros por su apariencia, que si me pongo a hablarle a fulanito de los catálogos (los libros junto a los cuáles su, todavía inédita, obra maestra compartirá estante en las tiendas) se me muere.

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