Fosa común

Faltaba que yo hablara del #normcore

Para los que no lo sepan, en las últimas semanas ha invadido la web un término que intenta definir el más reciente gran paso de la moda: normcore. El supuesto fenómeno se explica de manera muy simple: ante una ola demasiado grande de individuos intentando ser individuos (diferentes o lo que sea, alejados de la uniformidad de las masas, pues) hay, de pronto, una respuesta que fluye en la dirección exactamente opuesta: la normalidad. Podríamos pensar que se trata de la muerte del hipster, pero no lo es si pensamos en el hipster como la actitud de intentar, a toda costa, desmarcarse de todo parámetro de lo común. Esto, el normcore, es la misma cosa: ahora que la moda es ser diferente, para desmarcarse hay que intentar, a toda costa, ser normal.

Hasta ahora, se ha abusado de la palabra dentro de un marco más bien restrictivo (naturalmente, aunque en internet ya sea un tópico gastado, es algo muy en pañales)  al puro estilo, a la apariencia. Zapatos o sandalias deportivos, algodón, comodidad. Si evoluciona de la misma manera que el hipster, su pariente cronológicamente más cercano, podemos esperar que pronto también se convierta en una tendencia de más amplio espectro. La música que escucharemos (querramos o no ser trendy, estas cosas siempre nos alcanzan) mutará de la rareza que nos apartaba del mainstream, al mainstream mismo. (Quizás esto ya ha comenzado a suceder, aunque lo digo con pincitas, y la evidencia sea lo que está sucediendo con Los ángeles azules o incluso con PABLITO MIX, que hasta estuvo en el Vive.) En el momento menos esperado nos encontraremos escuchando el pop más pop del momento. El cine, qué decir. Que viva Michael Bay. Leeremos más a, no sé, Xavier Velasco sin sentirnos secretarias mascachicle.

Tal vez tanta individualidad acabó por aislarnos de verdad. Y nos sentimos muy alejados del mundo, y desesperadamente buscamos hacer tierra. Pertenecer. Pertenecer y volver al calor de nuestras infancias noventeras, si fuera el caso. Porque, al igual que la tendencia pasada, esta retoma el estilo, pop sí, pero de hace dos décadas. Esto no quiere decir que Obama y sus jeans de padre de familia no sean normcore, pero más lo son las camisas monocromáticas de Jerry Seinfeld, y sus tennis para correr. Por no hablar de un reforzamiento en los vínculos que establecemos con nuestros semejantes en esta era tan líquida: podremos compartir con nuestras madres, además de un mismo techo, un mismo estilo. Quiénes mejores que ellas para adiestrarnos en el oscuro camino de lo pasado de moda, ahora tan renovado y vigente. Si somos puro ciclo...

Preparémonos para ver los escaparates llenos de playeras idénticas a las que podríamos comprar en Walmart por una quinta parte del precio que se lee en sus etiquetas. Volvamos a pensar que los referentes de la moda están haciendo todo, excepto quebrarse la cabeza, o hagamos como que no nos damos cuenta y subámonos al avión del estilo novedoso. Total, la actitud crítica, tan antiquísimamente hipster, ya es cosa del pasado. Y, para ser sinceros, a uno que es fodongo todo este cambio le sienta más que bien. Así será hasta que, en cosa de unos días, todos seamos de nuevo tan uniformemente normales que no sabremos qué hacer con nuestras vidas.

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