Fosa común

Decir muerte es decir...

Es inútil pensar en la muerte. De entre todas las cosas en las que podemos concentrar nuestra capacidad de abstracción, la muerte es la más cruel e infructífera de todas. Si la muerte fuera un planeta, tendría una gravedad tal que destruiría cualquier cuerpo que intentara orbitarla.

-¿Crees que haya vida en el universo?

-¿Cómo?

-Sí, o sea: además de nosotros.

-Ah, ya. No, pues, quién sabe.

Estoy pensando en la muerte mientras intento descubrir si el vestido de la foto es azul con negro o blanco con dorado. Mientras intento estar segura de si vas o volver o tendré que esperarte toda la noche con los muslos manchados de hollín y los ojos pegados a la ventana. Estoy pensando en la muerte mientras el frío de todas las cosas comienza a trepar por mis cabellos y se instala sobre mi cabeza de colibrí hambriento. Pero nada es suficiente, nada se modifica por el hecho de pensar, nada basta. Las manchas en mi piernas no van a ceder al tacto marítimo de tu lengua, al estruendo volcánico de tus hombros si las levantan. Sólo la muerte en mi memoria y la cama tendida a un lado significando más o menos la misma cosa. La misma inutilidad. El mismo despropósito. El mismo vacío.

-¿No crees que es ridículo pensar, tomando en cuenta lo infinito que es el universo, que estemos solos en él?

-Hay cosas más ridículas que, se ha demostrado, suceden.

-¿Cómo qué?

-La muerte, por ejemplo. Que te mueras y luego nada.

-Eso no se ha demostrado. Nadie ha vuelto de la muerte para confirmarlo. Nadie lo ha visto.

-Tampoco se ha visto vida inteligente fuera de la tierra.

-Tal vez haga falta morir para saberlo.

Despertar con la cama vuelta un cementerio de aves pequeñas. Así se siente levantarse después de pasar toda la noche en vela, pensando en la muerte. Toneladas de pequeñas muertes apiladas sobre tus sábanas. Esqueletos minúsculos de algo que quizás. Los picos fracturados por eso que seguramente. ¿Has sentido el odio como una plasta de saliva espesa entre el paladar y la lengua? De algún modo así se siente la muerte. El odio es todas las formas de la muerte incluidas la soledad y la sopa fría. Pensar en el odio es igual a pensar en la muerte, pero odiar no es lo mismo que morir. Morir equivale a ser odiado.

-¿Qué distingue al odiador del que es odiado?

-El olor de la carne. El estado de las pústulas.

Pensar en la muerte es una manera eficaz de acelerar la putrefacción. Pensar en la muerte es invocarla. Volverla algo a través de las palabras. M-U-E-R-T-E. Una cruz en cada letra. Decimos muerte y enseguida.

El cadáver de un ave del tamaño de un hombre esperando sobre tu cama a que el sueño te trague.

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