Fosa común

Capítulo 26

París, Nueva York, Dublín e incluso el D.F. Ciudades literariamente relevantes porque han sido el escenario de obras maestras o por ser el lugar de nacimiento de escritores notables. Ciudades que ya tienen en el nombre algo que hace suspirar a aquellos de gusto más bien romántico. Ciudades que son, salgámonos de lo literario, eso que nos viene a la mente cada vez que escuchamos la palabra ciudad. O así.

A ningún parisino, neoyorquino, dublinés ni defeño le parecerá extraño leer sobre su ciudad en una novela. A ningún pachuqueño tampoco le sorprendería leer sobre su ciudad en una novela... escrita por un pachuqueño. O hidalguense, va. O mexicano, todavía. Pero que el nombre de esta ciudad, Pachuca, circule por los escaparates de todo el mundo entre las páginas de un libro escrito por un chileno (esto no es tan raro, lo admito, Bolaño era latinoamericano) es poco más que inusual.

Así, en el capítulo 26 de “Los detectives salvajes (1976-1996)”, segunda parte de la novela Los detectives salvajes, aparece escrito “Pachuca” con todas sus letras y todo su viento y todo su polvo y todos sus pastes de cadena internacional. Y todos atónitos, los lectores pachuqueños de Bolaño (que serán fanáticos o van a renegar de él), con la imaginación vuelta un remolino de instantáneas del escritor caminando por Guerrero, deteniéndose en las faldas del monumento a Juárez a fumar un cigarrillo, limpiar sus anteojos redondos. La posibilidad, quiero decir. 

Yo, al menos, no sé si Roberto Bolaño estuvo alguna vez en la Airosa. También me pregunto si la Universidad de Pachuca, lugar donde sucede el capítulo de apenas  poco menos de dos páginas de extensión, tiene como su equivalente real a la UAEH. Pero antes de llegar a eso, resumo: estamos en Pachuca, en la Universidad de Pachuca y es diciembre de 1996. Somos Ernesto García Grajales y, falsamente modestos, nos asumimos como el único académico interesado en estudiar a los poetas real visceralistas (infrarealistas en el mundo “real”). Hemos convencido, o estamos cerca de convencer, al profesor Reyes Arévalo de que la editorial universitaria publique nuestro libro sobre estos “rabiosamente modernos” poetas. Queremos, a pesar de nuestra evidente falta de especialización en el tema, llevar a Pachuca a “los umbrales del siglo XXI”. A la modernidad. No importa que el libro sea un asco. Estamos, de algún modo, cansados de que aquí sólo se publiquen estudios sobre los modernistas mexicanos o ediciones anotadas de la obra de Manuel Pérez Garabito, “poeta pachuqueño por excelencia”. Traer la modernidad a Pachuca.

Tras este juego borgeano, Bolaño nos deja con un algo difuso en la cabeza. Pensamos que sabe de lo que habla, pero pensamos también que el retrato de la escena literaria pachuqueña y sus posibles concordancias con la realidad son, ajá, mera coincidencia. Queremos creer que sí, pero no sabemos (y quizá no lleguemos a saberlo), entonces mejor nos preguntamos por qué Pachuca y su universidad y no otra ciudad u otro país, incluso. Pensamos que hay algo. O, más bien, que no hay algo. Que  Pachuca era el lugar menos indicado para publicar un libro sobre los real visceralistas. Que, en verdad, la “modernidad” es algo que acá hace falta. Pero no lo sabemos. No detrás de los anteojos del chileno.

Los detectives salvajes ha superado las 200 mil copias vendidas tan sólo en su edición en lengua castellana. Jorge Herralde, editor de cabecera de Bolaño, ha firmado más de 50 contratos con editoriales de todo el mundo para publicar traducciones de la novela. Esto nos deja con, jodida la cosa, cerca de un cuarto de millón de lectores. Todos ellos, si es que han logrado no abandonar la novela tras esa tediosa segunda parte (y llegado hasta su penúltimo capítulo), han leído la palabra Pachuca. Saben, tanto como podemos saber cuando estamos conscientes de que algo es “ficticio”, que a Pachuca (a su literatura) le hace falta la modernidad. A la mayoría no va a importarle. Pero bueno, son Los detectives..., es Bolaño, y es la palabra “Pachuca” escrita con todo su viento y todo su polvo y modernísimos todos sus pastes de cadena internacional.

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