Fosa común

Boceto en torno a una canción de la Banda MS

Primero: la memoria de ella acomodándose el broche del sostén, su paso lento al dejar el cuarto; el portazo, crudo, definitivo. Luego: la sensación en el pecho: los bordes del corazón estremecidos. La maquinaria del recuerdo a todo galope. Aparición que, como vista en sueños, se desdibuja y vuelve, intermitente. Es delgada la línea entre tu nombre y el mío. Como una sola palabra dicha por dos persona distintas, pero en el mismo lugar y al mismo tiempo. Como el sonido que se propaga, uniforme, a través del cristal de la vitrina. Piensas: un corazón diseccionado, sobre una bandeja; en el espacio vacío de sus ventrículos, rocas de distintos tamaños. El rompecabezas que es tu corazón en pedazos. Eres ese olor que ella recuerda y la hace mirar nerviosamente hacia un lado y el otro del autobús. La certeza de que el gozo es transitorio. Su recuerdo que aterriza como bomba.

El tiempo va, primero tambaleante, luego sostenido como el vuelo de las aves. Deseo que no cede y se aglutina. La luz que resguarda tu cuerpo de la noche violenta. Soy yo la noche violenta. Soy yo la oscuridad de la caverna. El suelo que, dado el paso, desaparece. Roce que demoliera el templo de la lumbre. Lluvia que azotara las ventanas del día. El deseo (que no cede y se aglutina) de arrancar tu luz en segundos. De besar tu cuerpo. (Que no cede y se ilumina).

Perdón, por favor, te lo suplico. Palabras incendiaras. Los aviones del sentido tripulados por pilotos kamikaze. Palabras catástrofe. Palabras eficaces como alas para volar dentro de la jaula. Palabras como los dos puntos que unidos forman la cerca que divide el cerca del lejos. El pasado vulnerable y el presente que ya se ha ido. No me pidasperdón (catástrofe) que la línea es delgada entre tú y el deseo. Que las bombas estallan y no vuelven sobre sus pasos para llorar el caos ni la culpa. Que los bordes de mi corazón, pregunta pendiente de respuesta, el pulso de la luz pendiente al segundero. Que las piezas de este acertijo unidas forman la línea que te separa del deseo, que te une a él. Soy yo la noche violenta. Soy yo el deseo, barrera infranqueable entre el peligro y tu nombre. Soy yo.

No me pidas perdón porque corre el peligro. No me pidas perdón cuando corre el peligro. No me pidas, si el peligro corre, perdón. Si vulnerable mi alma echa a volar por la noche del recuerdo para arrancar la luz de tu cuerpo que duerme. Soy yo. No me pidas perdón que la línea es delgada entre el día y la muerte. En segundos, besar tu cuerpo. Tu presencia, como vista en sueños, atravesando la línea que (delgada) divide el perdón del delirio. El suelo que, como visto en sueños, desaparece (o no) al dar el paso. Intermitente (el rompecabezas que  es mi corazón lleno de piedras). Trazo que dibuja el recuerdo. Los muros blancos de la habitación. Su paso lento al entrar al cuarto. El sostén en el piso. La radio que se apaga.

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