Fosa común

Amarás la vida sobre todas las cosas: "Los estómagos", de Luna Miguel

Uno: Los estómagos

Comienza la invasión felina. La dedicatoria parece, incluso, un aviso: los gatos son una presencia que se repetirá a lo largo del libro. Los gatos poblando un hospital. Los gatos insistentes, habitando, como una metáfora de la cura, el recinto de la enfermedad. A continuación, la entrada en materia: ¿Cuántos estómagoshacen falta para vencer el hambre? La pregunta en el aire. El aire repleto de moscas, olor a carne y putrefacción. El hombre y Dios. El hombre prefiere adorar aquello que no puede tocar, ver, oler, mirar. El hombre adora a Dios y no adora a la vida. Prefiere mirar al cielo que a su alrededor. Prefiere la ilusión antes que amar la vida a su alrededor. Las rosas no sentían dolor al cortarlas pero gritaban con el viento como cáscaras machacadas. Flor igual a vida. Las rosas son la vida y los hombres las destruyen. El hombre devora cerdo-rosa-vida. Vida. Y hacerlo la destruye. Al hacerlo el hombre ya no es hombre, sino monstruo. Monstruo hipócrita que destruye la vida y, al terminar, reza. Que no se piense que este libro, el más reciente de la poeta española nacida en 1990, es un manifiesto a favor del veganismo. Los estómagos va más allá, no se conforma. Porque el estómago, según sugiere la autora, es el punto medio entre el corazón (materia gris desplazada al tórax) y la vagina. Estómago punto medio entre amor y sexo. Víscera limítrofe con ambos polos hirvientes. Punto de unión y, en ocasiones, equilibrio.

Dos: La metástasis

Metástasis, cáncer, plaga. No sabemos nada de las cucarachas. No sabemos nada del cáncer. De este último, apenas si el dolor. Dolor alarma focos rojos. Mariposa negra igual a cáncer. Cucaracha igual a plaga igual a metástasis igual a cáncer. Pero frente a la enfermedad, ¿qué? ¿Y qué frente a la muerte? ¿Y la tristeza? La ternura, quizás, apenas. ¿Qué quedará de nosotros?.

Madre es igual a vida. Después de la madre, es la vida lo que queda. Pero, ¿qué vida? Un mal que no se evapora.Crujir como un quejido lindo y honesto. Sin embargo, la esperanza. Si lo último que queda es la vida, es precisamente la vida lo que hay que mantener, lo hay que salvar a toda costa: Frotaré mi sexo con lejía para que mishijos nazcan sanos. Culminar lo que la madre inició. Perpetrar lo que la vida inició.

Hay vida en el verbo vivir // su conjugación es un féretro suave y quedo. Muerte es igual a descanso. Sobrevivir cansa. Mejor es mantener los ojos abiertos. Al otro lado de la puerta, es la muerte lo que aguarda. Estoy contigoy te extraño. Cuando no lo esté te seguiré extrañando. Al otro lado de la puerta, el terror. Sin embargo, los gatos y su presencia luminosa, casi divina: su luz es el color de mi estómago.

Tres: El matadero

Cocino para preservar la dignidad de cuando creo sagrado. Comer, por otro lado, no alimenta. Comer sólo ahuyenta el hambre, pero ¿qué es el hambre comparada con los celos?.

Dios era una bestia que devoraba a sus crías. Asesino cerdo creador y destructor de la vida.

Amarás a Dios sobre todas las cosas. No. Amarás la vida.

Cuatro: Y los animales

La cuarta parte de Los estómagos comienza con un credo-declaración de amor a todo lo que animalmente nos acompaña y nos confirma. Desde los ácaros hasta, de nuevo, los felinos domésticos. Llama la atención la estructura del segmento siguiente. Aparece un Coro que, como en las obras de la antigüedad, entabla un diálogo con el poeta. El Coro que encara ya la voz de un supuesto lector, y cuestiona al poeta sobre la importancia de su escritura. Sobre eso que es escribir acerca de cosas que bien podrían no importar a nadie. El Coro que encara ya una voz animal que reclama el egoísmo del que escribe. Que reclama el dolor de sentirse utilizado, su muerte siendo utilizada, apenas si pretexto, para que el poeta hable de sí mismo. De sí mismo y su dolor. Pero aquí Luna sobrevive.  Soporta el duelo, o acaso finge soportarlo, a sabiendas que el dolor que acompaña a la muerte es, por acomodarlo en alguna palabra, insoportable.

Anexo a "Los estómagos"

Ana: tu hija ladra. Tu hija lidera un ejército de ladridos que retumban de un lado al otro del océano. Ana: te escribo, si me lo permites, desde la certeza de que la muerte no existe. Que la muerte no supera un ladrido transoceánico, un libro maravilloso como el que tu hija ha regalado al mundo. Y sí, ella está en buenas manos. Nosotros somos sus Perros Románticos. No te preocupes porque aquí, con ella, nos vamos a quedar.

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"Los estómagos"

La Bella Varsovia, 2015

80 pp

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