La ciencia por gusto

La invasión de los curanderos capitalinos

El Gobierno de la CdMx cuenta con una Secretaría de Desarrollo Rural y Equidad para las Comunidades, cuya responsabilidad, según su página web, es “establecer y ejecutar políticas públicas y programas en materia de desarrollo rural; atención a pueblos indígenas y comunidades étnicas”.

Un porcentaje significativo de la población capitalina vive en zonas rurales en Milpa Alta, Tláhuac, Xochimilco, Álvaro Obregón, Cuajimalpa y Magdalena Contreras, donde se realizan actividades agropecuarias. Además, la ciudad cuenta con un alto porcentaje de inmigrantes rurales e indígenas.

El objetivo rector de la Sederec es “promover la equidad, la igualdad y la justicia social entre estos sectores de población [para] mejorar sus condiciones de vida”.

El 20 de diciembre emitió un boletín titulado “Curanderos de la CDMX atendieron a más de 11 mil 500 personas en Casas de Medicina Tradicional”. Estas 25 casas son “espacios de atención a la salud” que forman parte de su Programa Medicina Tradicional y Herbolaria, que busca “atender problemas de salud primaria de la población indígena y de pueblos originarios de la Ciudad de México desde un enfoque de respeto a sus métodos de curación tradicionales, así como de sus usos y costumbres”.

Dicho programa se enfoca principalmente a la herbolaria y la medicina tradicional. Y eso está bien, aunque no todos los remedios herbolarios son eficaces, y algunos pueden ser peligrosos. Pero varios tratamientos tradicionales ofrecidos en dichas Casas son totalmente inútiles, como las “armonizaciones, curada de susto, empacho y tronada de angina”.

Al mismo tiempo, las Casas dan credibilidad a entidades médicas inexistentes como “susto, empacho, mal de ojo, nerviosismo”. Al reconocerlas como enfermedades reales, la Sederec y el propio Gobierno de la Ciudad de México le hacen un muy flaco favor al cuidado de la salud de las poblaciones indígenas a las que buscan beneficiar. Más preocupante: los curanderos ofrecen tratar enfermedades reales y graves como diabetes, hipertensión y adicciones, que deberían ser atendidas por personal médico formal.

Es importante defender nuestras tradiciones. Pero cuando se trata de la salud, la medicina científica no es una opción más: es la única medicina cuya confiabilidad podemos garantizar, pues es probada a través de estudios clínicos y análisis rigurosos.

Un buen regalo de navidad sería que la Sederec, sin descuidar la herbolaria y la medicina tradicional, apoyara solo aquellos tratamientos que hayan demostrado ser útiles —la Sederec podría incluso ser punta de lanza en la investigación en este campo—, y recanalizar los fondos usados para apoyar remedios milagro y seudomedicinas hacia verdaderos tratamientos médicos que apoyen la salud de la población rural, indígena y migrante de la ciudad.

¡Mira!

Por cierto: es una vergüenza el pésimo servicio que proporciona la empresa EcoParq, que maneja los parquímetros de la ciudad. Su oficina atiende solo de 8:30 a 1:30 de lunes a viernes. Además, no trabajan en vacaciones y en su call center jamás contestan.

¡Feliz Navidad!

mbonfil@unam.mx

Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM