La ciencia por gusto

La vida más antigua

¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos? Son el tipo de preguntas filosóficas que hacen que muchos se burlen de los filósofos.

Pero las ciencias surgieron a partir de la filosofía, y usan el mismo tipo de pensamiento racional, basado en la lógica y el examen crítico y colectivo de las ideas. Y muchas preguntas que hoy aborda —y en muchos casos responde— la ciencia son en realidad preguntas filosóficas.

El origen de la vida es una de ellas. Aunque sigue careciendo de respuesta definitiva, los avances que se han hecho para contestarla, basados en la química, a partir de las propuestas del ruso Oparin y el inglés Haldane en los años 20, han sido tremendos. Hoy sabemos que hay un camino posible que puede llevar de la materia inanimada a la vida microscópica.

¿Qué tan difícil es que la vida aparezca en un planeta que presente las condiciones necesarias? ¿Es la vida un fenómeno raro, incluso quizá único, en el cosmos? La respuesta nos contestaría asimismo otra antigua cuestión filosófica: ¿estamos solos en el universo?

A lo largo de más de 50 años, astrofísicos y astrobiólogos han ido acumulando datos cada vez más certeros para calcular las probabilidades de que la vida surja en otros mundos. Hoy sabemos que hay abundancia de estrellas con planetas, muchos de ellos similares a la Tierra (como los siete planetas recién descubiertos alrededor de la estrella Trappist-1).

¿Qué tan fácil es, entonces, que surja la vida en un planeta propicio? Una manera de estimarlo es averiguar cuánto tardó en aparecer en nuestro planeta. La edad de la Tierra es de unos 4 mil 500 millones de años. Y, hasta hace poco, los fósiles más antiguos conocidos —correspondientes a microorganismos unicelulares— tenían unos 3 mil 500 millones de años. La vida parecía haber surgido de manera relativamente rápida.

Pero el 2 de marzo un grupo multinacional de investigadores, encabezados por Crispin Little, de la Universidad de Leeds, en Inglaterra, publicó en la prestigiosa revista Nature evidencia sólida de vida microbiana en rocas con una antigüedad de al menos 3 mil 700, y quizá hasta 4 mil 280, millones de años.

El problema de detectar microfósiles tan antiguos es duro, pues la corteza terrestre está en constante cambio y muchas de las rocas que la forman no son “originales” (rocas ígneas, formadas a partir de lava solidificada), sino que han pasado por distintos procesos de “reciclado” (son rocas metamórficas). Pero los investigadores examinaron algunas de las rocas ígneas más antiguas que existen, que se hallan en el cinturón de Nuvvuagittuq, en Quebec, Canadá.

Lo que hallaron, mediante análisis microscópicos, geológicos y químicos increíblemente detallados, son estructuras en forma de tubo similares a las producidas por bacterias actuales que oxidan hierro y que viven en las ventilas hidrotermales oceánicas, sitios donde se piensa que pudo surgir la vida.

El hallazo de Nuvvuagittuq adelanta sensiblemente la aparición de la vida en la Tierra. Es cada vez más probable que, dadas las condiciones necesarias, la vida surja de forma casi automática.

La probabilidad de hallar vida en otros mundos como los hallados alrededor de Trappist-1, al menos en forma de microorganismos, aumenta conforme más investigamos. Lo más probable es que no estemos solos.

mbonfil@unam.mx