La ciencia por gusto

Universum: 25 años de ciencia

Cuando en 1989 el doctor José Sarukhán fue nombrado rector de la UNAM, una de sus primeras decisiones fue cumplir un sueño largamente acariciado por la comunidad de divulgadores científicos: construir un gran Museo de Ciencias.

Para realizar este magno proyecto eligió al Centro Universitario de Comunicación de la Ciencia (CUCC), fundado por el doctor Luis Estrada Martínez, pionero de la divulgación en México. Su nuevo director, el doctor Jorge Flores Valdés, fue el encargado de encabezar la titánica labor. Afortunadamente había voluntad política, dinero y algo que en la UNAM nunca escasea: talento y capacidad.

Flores puso manos a la obra y formó un equipo de asesores científicos, que encabezarían cada una de las 12 salas temáticas del museo, además de museógrafos, arquitectos, ingenieros, comunicadores, artistas gráficos y una plétora de expertos en las más diversas especialidades. También se contrató a un nutrido grupo de jóvenes egresados de carreras científicas para servir como asistentes y guías de las exposiciones parciales que sirvieron como pruebas piloto de las exhibiciones que formarían parte del futuro museo. (Tuve la suerte de incorporarme al proyecto en 1990, oportunidad que siempre agradeceré, pues  me abrió las puertas de una carrera de más de 27 años como divulgador científico.)

Cierto, en México ya existían valiosos museos de ciencias. Pero el de la UNAM, que llevaría por nombre Universum, sería de tercera generación: no una colección pasiva de objetos, ni una muestra de maquetas móviles o dioramas, sino un espacio interactivo, con aparatos que ofrecieran experiencias para comunicar la ciencia a los visitantes, que serían así participantes activos.

Luego de un trabajo intenso de tres años del inmenso equipo, que Flores coordinó magistralmente, Universum abrió sus puertas el 12 de diciembre de 1992.  La lista de expertos y personalidades que colaboraron es enorme. Hoy el CUCC es la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM, y Universum, con cambios y renovaciones, ha cumplido 25 años de ser uno de los más importantes proyectos de divulgación científica de nuestro país. Y no solo por los más de 18 millones de visitantes que ha atendido en ese lapso, sino por el impacto que ha tenido. A partir del inicio del proyecto se desató una verdadera ola de construcción de museos y centros interactivos de ciencia en nuestro país y en Latinoamérica: meses después de Universum se inauguraba en Chapultepec Papalote Museo del Niño, y siguieron otros en diversos Estados (hoy existen al menos 35).

¿Puede medirse el impacto de Universum en nuestro país? Sí y no, porque más allá de números y encuestas, lo que logran grandes proyectos como éste es alterar el ecosistema de ideas que conforman nuestra cultura.

Además de visitantes satisfechos, parejas de novios que han caminado por sus pasillos, alumnos de escuelas que han tenido experiencias gratas o quizá inolvidables, vocaciones científicas que han surgido, mensajes importantes que se han difundido, creo que el verdadero valor de proyectos como Universum es hacer que nuestra cultura sea un poquito menos ajena al pensamiento crítico y racional, y al conocimiento y comprensión de la ciencia y la tecnología.

Y eso, aunque no lo parezca, importa. Y mucho.

mbonfil@unam.mx

Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM