La ciencia por gusto

"La teoría de todo"

Por fin pude ir a ver la película La teoría de todo (James Marsh, 2014). Gran cinta: amena, interesante y por momentos conmovedora.

Destaca la actuación del protagonista Eddie Redmayne, en el papel de Stephen Hawking. Sorprende ver sus fotos de la vida real: la transformación física y de lenguaje corporal que logró muy probablemente le darán un Oscar.

Hawking es, sin duda, el científico vivo más famoso del mundo. Es, también sin duda, una de las grandes mentes en la historia de la ciencia.

La película se basa en el libro Hacia el infinito, de su primera esposa, Jane Hawking, con quien se casó en 1965. Se centra en la vida de Stephen; su paulatino y terrible deterioro físico debido a la esclerosis amiotrófica lateral, que se le diagnosticó en 1963 y que le ha ido robando el uso de sus músculos; su lucha por seguir haciendo ciencia y las dificultades que, junto con Jane, tuvo que afrontar hasta su divorcio en 1995. No hace, por ello, mucho énfasis en explicar sus ideas científicas, aunque sí las menciona brevemente.

Hawking se hizo famoso mundialmente por su libro Una breve historia del tiempo, de 1988. Su imagen es, al mismo tiempo intrigante, angustiosa, extraña y admirable: un hombre privado de movimiento que sigue luchando y trabajando, 52 años después de que le pronosticaran dos años de vida.

Está obligado desde 1985, luego de una traqueotomía, a comunicarse mediante una computadora conectada a un sintetizador de voz, que controlaba con un dedo que aún podía mover (hoy lo hace moviendo un músculo de su mejilla). En cierto modo, Hawking es un cerebro viviente, sin cuerpo; también una especie de cíborg. Quizá esta extraña imagen ha contribuido a su fama.

La cinta menciona como sus más grandes aportes a la ciencia su descripción del big bang como una singularidad similar a los hoyos negros, y luego su descubrimiento de que los hoyos negros pueden, contra lo que se suponía, emitir “radiación de Hawking”, lo que podría hacer que poco a poco desaparezcan.

Hawking es hoy, como antes Albert Einstein, la imagen del científico típico. Qué bueno que, en este caso, se trate de alguien, además de genial, admirable por su tesón y capacidad de superar la adversidad. ¡Mis respetos, Don Stephen!

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