La ciencia por gusto

Temblores, luces misteriosas y dudas

El jueves casi a media noche, como tantos otros, me sobresalté al escuchar la alarma sísmica y, luego de bajar corriendo cuatro pisos, sentí uno de los temblores más intensos que me ha tocado vivir (aunque no tanto como el del 85).

En la Ciudad de México prácticamente no hubo daños… cosa que por desgracia no puede decirse de los estados de Oaxaca y Chiapas.

Pero llamó la atención que en la CdMx los ciudadanos que en paños menores salimos a la calle pudimos observar unas llamativas luces en las nubes que cubrían el cielo. No tardó mucho para que en las redes sociales comenzaran a circular comentarios sobre las “misteriosas” luces en el cielo, y hasta a relacionarlas con posibles fenómenos ovni. A mí se me ocurrió publicar el siguiente tuit: “Eran cortos por cables eléctricos de alta tensión que chocaban unos con otros. Nada misterioso.”

Inmediatamente recibí la airada respuesta de un tuitero anónimo: “Me sorprende que un divulgador ‘científico’ no conozca el efecto piezoeléctrico”.

Mi curiosidad se despertó, y una investigación somera me reveló que, efectivamente, existe un fenómeno reconocido como “luces de terremoto”, que ha sido reportado en muchos países por lo menos desde el siglo XIX.

¿Qué podría producir esos destellos, semejantes a rayos, durante un temblor? Un estudio de 2014 publicado en la revista Seismological Research Letters, firmado por John Derr, analiza reportes detallados de 65 temblores intensos y propone que la causa de las luces es la acumulación de cargas positivas en el suelo, producto del movimiento de las rocas. Estas cargas positivas podrían luego fluir a la superficie y ionizar las moléculas del aire, dando origen a destellos luminosos similares a los rayos.

Pero, ¿por qué ocurre esto? Comencemos por recordar cómo se producen los rayos: las nubes están formadas por gotitas de vapor y pequeños cristales de agua. El aire frío que baja y el caliente que sube dentro de ellas puede arrastrar las partículas de distintos tamaños en varias direcciones, y al rozarse pueden ceder o ganar electrones y adquirir cargas eléctricas. Las negativas se acumulan en las zonas inferiores de las nubes, y las positivas en las superiores.

La separación de cargas debida a la fricción se conoce como efecto triboeléctrico. Y también ocurre cuando algunos materiales sólidos (sobre todo cristalinos) se frotan con otros. Cuando las cargas separadas se vuelven a juntar, puede haber emisión de luz. Y existe también el efecto piezoeléctrico, en el que ciertos materiales sometidos a presión pueden acumular cargas eléctricas.

Así, las emisiones de luz asociadas a temblores podrían ser fenómenos de triboluminiscencia o luminiscencia piezoeléctrica. Y si hay nubes cercanas, como la noche del jueves, las cargas positivas podrían formar arcos eléctricos con las cargas negativas de la parte inferior de las nubes y producir los destellos.

Aunque en ciencia no hay que brincar a conclusiones. Las luces fueron reales. Pero pudieron ser producidas por otras causas: simples relámpagos (había llovido y estaba nublado), o el choque de cables de alta tensión por el temblor.

De cualquier manera, no se trata de fenómenos misteriosos ni inexplicables. En lo personal, yo prefiero creer que el mundo es comprensible, no misterioso.

mbonfil@unam.mx

Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM