La ciencia por gusto

¡El sexo sí importa!

No es que la ciencia no se equivoque, es que reconoce y corrige cuando lo hace.

Lo demuestra el artículo publicado el 28 de abril en la revista Nature Methods por el equipo de Jeffrey Mogil, de la Universidad McGill, en Canadá, y que cambiará drásticamente la investigación biomédica. El texto se titula “La exposición olfatoria a machos, incluyendo hombres, causa estrés y analgesia relacionada con éste en roedores”.

Se sabe que la respuesta de estrés en mamíferos reduce la sensibilidad al dolor (analgesia). Esto se debe a la percepción de feromonas que producimos los machos de mamífero.

Pues bien: los estudiantes de Mogil descubrieron que en experimentos en los que se inyectaba una sustancia que causaba dolor en las patas de ratas y ratones, los resultados variaban según el sexo de los experimentadores humanos: ¡los roedores parecían sentir 36 por ciento menos de dolor en presencia de hombres que de mujeres!.

El efecto se presentaba también al dejar junto a los roedores camisetas sucias de estudiantes hombres y mujeres.

¿Significa eso que habrá que repetir todos los experimentos realizados con ratas y ratones? No necesariamente, pero sí habrá que reanalizar los resultados de algunos, y habrá que cambiar la manera como se elaboran los estudios en el futuro.

Pero el efecto del sexo en ciencia va más allá: se ha descubierto también que el de los animales, e incluso el de las células in vitro con las que se experimenta, puede influir en los resultados.

Normalmente ese dato no se reportaba y la gran mayoría de los experimentos solían hacerse usando machos. Lo mismo ocurría con muchas pruebas clínicas en humanos, a pesar de que cada vez es más claro que muchos tratamientos afectan de forma distinta a mujeres y a hombres.

En vista de todo esto, los Institutos Nacionales de Salud de EU proponen cambios drásticos: además de requerir que se equilibre el uso de hembras y machos en los protocolos experimentales, se exhorta a que los artículos científicos reporten el sexo de los experimentadores y que el diseño de los ensayos tome en cuenta el efecto.

Mi colega Javier Flores describía ayer esto en La Jornada como una revolución en la biomedicina. No puedo sino estar de acuerdo.

Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM

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