La ciencia por gusto

La semana Nobel

La brevedad de este espacio no me permitirá hablar del Nobel de Física, ya anunciado al escribir estas líneas. Hablemos del de medicina, otorgado mitad al neoyorquino John O’Keefe y mitad al matrimonio noruego formado por May-Britt Moser y Edvard I. Moser “por sus descubrimientos de células que constituyen un sistema de posicionamiento en el cerebro”.

La mayoría de los titulares han aprovechado la metáfora del GPS cerebral para explicar el logro. No estoy muy de acuerdo, pues el sistema de posicionamiento global, que permite a nuestros teléfonos celulares localizar el lugar preciso en que estamos, lo hace conectándose con una red de alrededor de 24 satélites y determinando las coordenadas del usuario por triangulación.

El sistema de posicionamiento del cerebro, en cambio, lo logra usando información proveniente de los sentidos del animal (incluyendo humanos).

¿Cómo determina el cerebro su posición en el espacio y se orienta al moverse? Uno pensaría que lo más sencillo es que elabore un “mapa” del territorio. Pero, ¿de qué estaría hecho ese mapa? No podría ser una simple imagen: ¿quién la vería, dentro del cerebro? En 1971, O’Keefe descubrió que las ratas tienen, en la estructura cerebral llamada amígdala, ciertas células que se activan siempre que el animal se encuentra en un mismo sitio. Las llamó “células de posición”.

Más de 30 años después, en 2005, los esposos Moser descubrieron, en otra estructura cerebral, la corteza entorrinal, contigua a la amígdala, otro tipo de células, que llamaron de retícula, que se activan cuando la rata, al moverse, pasa por ciertos sitios. Las células de retícula establecen una red hexagonal que, junto con datos visuales, forma el mapa del espacio en que se halla la rata.

A su vez, las células de posición marcan el sitio que ocupa la rata en ese espacio. Juntos, células de retícula y de posición forman un entramado que determina en qué lugar se halla el animal en relación con el espacio circundante, permitiéndole —permitiéndonos— ser conscientes de nuestra  posición en él.

Poco a poco el cerebro va revelando sus secretos. Un Nobel bien merecido.

Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM

mbonfil@unam.mx