La ciencia por gusto

¿Derecho a defraudar?

Es raro que en la radio haya programas de ciencia. En cambio, abundan los programas que tienen secciones de horóscopos, grafología, eneagrama, parapsicología o incluso contacto (y consultas) con ángeles.

Se pueden clasificar en cuatro categorías:

1. Los que se ocupan de supuestas disciplinas "científicas" que no son tales, sino supersticiones o supercherías disfrazadas de ciencia: investigación sobre fantasmas, parapsicología, ovnis. Desinforman y engañan al presentar como ciencia algo que no lo es.

2. Los que mezclan autosuperación, salud y misticismo con lo que ellos creen que es ciencia. Producen un amasijo donde se oyen palabras como "mente", "espíritu", "positivo", "vibración", "energía", "cuántico" y similares. Su gran problema es que no distinguen entre ciencia y charlatanería, y acaban difundiendo casi siempre lo segundo. Así, también desinforman y engañan.

3. Los que no solo difunden charlatanería pseudocientífica, sino ofrecen a la venta productos o servicios basados en ella: aparatos que "ahorran" electricidad con solo conectarlos a una toma de corriente; fajas "cerámicas" que "producen rayos infrarrojos" para combatir el reumatismo...

4. Lo más grave, vendedores de "tratamientos médicos" que carecen de base científica comprobada: terapias "rejuvenecedoras" con supuestas "células madre"; suplementos alimenticios que pueden dañar al hígado; terapias basadas en hierbas, dietas o vitaminas que incitan a pacientes a abandonar tratamientos contra enfermedades graves como cáncer o sida...

En los dos últimos casos entramos ya al terreno del fraude, donde las autoridades (Cofepris, Profeco y otras) deberían intervenir. Cuando alguien cobra por algo sin cumplir lo que promete, estafa a sus clientes. Lo sorprendente es que muchas compañías que hacen precisamente eso se anuncian en programas de radio sin que haya autoridad alguna que las supervise, controle o sancione.

La libertad de prensa es vital. Pero difundir información falsa como si fuera verídica y vender productos o servicios basados en principios imposibles es no solo defraudar la buena fe del radioescucha, que confía en los medios y la información que difunden, sino un abuso que roza lo delictivo.

¿Usted qué opina?


mbonfil@unam.mx
Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM