La ciencia por gusto

El pez que camina

Es común creer que la evolución se presenta durante la vida de un individuo; que uno puede “evolucionar” (como las Tortugas Ninja o los Pokemones.) En realidad, la evolución es un proceso que solo ocurre en poblaciones. Pero un interesante experimento reciente explora la relación entre evolución y cambios a nivel individual.

Quizá haya usted escuchado a finales de agosto pasado la noticia de que “se había enseñado a caminar a un pez”. Y en efecto: Emily Standen y sus colegas, en Canadá, criaron en condiciones muy especiales a 111 ejemplares de un pez de tipo primitivo llamado Polypterus senegalus (o pez dragón africano) que es capaz de salir del agua y caminar torpemente con sus aletas, contoneando su largo cuerpo, y tiene pulmones rudimentarios.

Aunque no está relacionado con el tipo de peces que se piensa fueron los ancestros de los animales terrestres, Standen y sus colegas pensaron que sería interesante experimentar con él. Criaron a sus Polypterus en acuarios sin agua, sobre un fondo rocoso, por ocho meses.

Al examinarlos, hallaron que no solo habían aprendido a caminar mucho más eficazmente que sus congéneres acuáticos, apoyando mejor sus aletas y contoneando menos el cuerpo. Además, habían sufrido cambios anatómicos: la articulación del hombro se había vuelto más flexible, permitiéndoles mover las aletas más libremente, y sus clavículas se habían vuelto más gruesas, para soportar mejor su peso fuera del agua. Cambios similares a los que se hallan en fósiles de los antecesores de los animales terrestres.

Pero esto no es evolución tipo Pokemón, sino la llamada plasticidad del desarrollo: la anatomía de los organismos se desarrolla de formas distintas en respuesta a las condiciones del medio, así como los músculos se agrandan con el ejercicio.

Lo que muestra el experimento es que en ciertos peces existía ya el potencial de adaptarse al medio terrestre. Una vez abierta esta puerta, la selección natural puede encargarse de favorecer a los ejemplares cuya plasticidad les permita adaptarse mejor.

Los genes determinan lo que somos, pero la plasticidad en su expresión permite que la selección natural tenga más opciones de dónde escoger en el surgimiento de nuevas especies.

Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM

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