La ciencia por gusto

El microbio con ojos

El ojo humano ha sido siempre el ejemplo preferido de quienes desconfían de la evolución por selección natural, e insisten en que tuvo que haber sido “diseñado” por “una inteligencia superior”.

Este ojo “tipo cámara” consta un sistema que enfoca la luz (la córnea, fija, y una lente flexible, el cristalino); una apertura que permite que la luz entre a la cavidad ocular (el iris), y una superficie sensible que la transforma en señales nerviosas (la retina).

Parte de la historia de la evolución del ojo es el surgimiento de “manchas oculares” en microorganismos unicelulares, que les permiten detectar la intensidad y dirección de la luz. Pero resulta que existen microorganismos del plancton marino, del grupo de los dinoflagelados warnówidos, que presentan una estructura llamada “oceloide” que es sorprendentemente similar al ojo humano.

Este oceloide tiene estructuras análogas a las del ojo humano, pero a escala microscópica: una “córnea”, una lente formada por gránulos de grasa, y una capa interna sensible a la luz. Pues bien: un estudio publicado en la revista Nature del 9 de julio por Brian Leander y sus colegas, de Canadá, ha revelado varias sorpresas.

Mediante microscopía avanzada, tomografía y estudios genómicos, descubrieron que las estructuras de los oceloides derivan de otros organelos subcelulares. La “córnea” está formada por mitocondrias, mientras que el cuerpo retinal deriva de plástidos (como el cloroplasto). Como se sabe, mitocondrias y plástidos provienen a su vez de células que durante la evolución fueron integradas por simbiosis en su interior.

Quizá estos dinoflagelados usan sus oceloides para detectar y cazar a otros microorganismos de los que se alimentan. Pero quedan claras dos cosas. Uno, que la evolución es extremadamente compleja y flexible: no solo células enteras pueden convertirse en organelos de una célula mayor, sino que los organelos pueden cambiar de función, abriendo nuevas posibilidades evolutivas. Y dos, que en el universo de posibilidades hay algunas “buenas ideas” con las que la evolución se topa una y otra vez.

El que se produzcan estructuras tan elaboradas y parecidas como el oceloide y el ojo humano no es “milagroso”… aunque sí maravilloso.

Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM

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