La ciencia por gusto

La era de la locura

El mundo parece estarse yendo a la mierda. En muchos sentidos, pero me refiero a uno muy específico: al hecho de que nuestra especie está perdiendo lo más valioso que tiene, el conocimiento, para sustituirlo por la locura.

Ejemplo concreto: hace 10 años, en los cursos que imparto sobre divulgación científica, cuando mencionaba la existencia de una “Sociedad de la Tierra Plana”, la reacción era de incredulidad: los alumnos no concebían que hubiera gente que realmente creyera tonterías como esa.

Hoy es distinto: no solo hallamos por todos lados noticias sobre “tierraplanistas” (especialmente en internet), sino que la semana pasada nos enteramos de la celebración, en Carolina del Norte, de la primera Conferencia Internacional de la Tierra Plana, evento destinado “a cuestionar que la Tierra sea esférica”.

Los argumentos de los creyentes en la Tierra plana son hilarantes: una conspiración mundial que agruparía a las potencias espaciales, el uso de photoshop para alterar todas las fotos que muestran a la Tierra desde el espacio, la negación de toda la física que explica la gravedad y el movimiento de los cuerpos, y muchas otras tonterías.

La idea de una Tierra plana es muy antigua y está ligada a viejas concepciones mítico-religiosas, como la de que el firmamento está pintado en una inmensa cúpula que cubre todo el mundo, a través de la cual se mueven la Luna y los planetas… de algún modo. Muchos tierraplanistas creen también que el disco terrestre (je) está limitado por un muro inaccesible de hielo.

Usted podría pensar que se trata solo de un grupo de locos. Pero es un grupo creciente. Y no se trata solo de los tierraplanistas. Están también los negacionistas del sida, que no creen que esta enfermedad sea producida por un virus; los negacionistas del cambio climático, de los cuales el más peligroso es hoy presidente de Estados Unidos; los negacionistas de las vacunas, que siguen aumentando y han logrado que resurjan enfermedades ya controladas, como sarampión o paperas. Y muchos otros que desconfían, por sistema, del conocimiento científico y defienden las más peregrinas y peligrosas teorías de conspiración.

Se trata de la decadencia de una cultura global, basada en los valores de la Ilustración, que constituye la base de las sociedades modernas. Hoy, gracias a los fenómenos paralelos del deterioro global de la educación, y del surgimiento de la era de la información, se han dado las condiciones para su caída.

La era de la información trajo consigo, paradójicamente, la era de la desinformación. Desinformación no quiere decir falta de información, sino por el contrario, un exceso de información, pero errónea, falsa, sesgada y malintencionada (fake news, posverdad). Y ésta circula gracias a dos factores. Uno, la facilidad con que ciertas personas caen en un exceso de racionalización tomando datos creíbles y lógicos, pero falsos, para acabar creyendo ciegamente en teorías de conspiración. Y dos, la facilidad para transmitir información instantánea, masiva y gratuitamente a través de internet y las redes sociales.

Urge que, como sociedades a escala mundial, hagamos algo para evitar la inminente nueva Edad Media que nos amenaza. Nuestras únicas armas son las que siempre hemos tenido: la educación y la defensa de la cultura y el conocimiento.

mbonfil@unam.mx

Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM