La ciencia por gusto

La inteligencia de los virus

Al pensar en virus, los imaginamos como “bichos” microscópicos que nos enferman.

Si recordamos nuestras clases de biología, quizá tengamos una visión un poco más precisa: a diferencia de las bacterias que causan diversas infecciones, y que son organismos formados por una sola célula, los virus ni siquiera son considerados seres vivos, sino paquetes de información genética encerrados en cápsulas de proteína que necesitan entrar a una célula para reproducirse.

Aunque tanto bacterias y virus forman parte de ecosistemas complejos, donde cumplen diversas funciones, la meta única de los virus pareciera ser reproducirse a cualquier costo. Incluso al de matar a los organismos que los hospedan.

Sin embargo, una especie de virus que matara a todas las células que infecta rápidamente desaparecería. Probablemente debido a eso, la evolución los ha dotado de un mecanismo para evitar esto: la lisogenia. Descubierta originalmente en los virus que infectan a bacterias (“bacteriófagos”), consiste en una ruta alternativa en su ciclo de vida: en vez de entrar a la bacteria, apoderarse de su mecanismo de reproducción y fabricar copias de sí mismos hasta hacerla estallar para liberar su progenie, los virus lisogénicos pueden integrar su material genético en el de la bacteria y quedar ahí dormidos, latentes. Hasta que alguna señal los haga despertar de nuevo.

El mecanismo de lisogenia sirve así como control ecológico para evitar que los virus exterminen a sus huéspedes. Muchos virus que infectan a todo tipo de organismos cuentan también con mecanismos para integrarse a su material genético y permanecer latentes. Entre ellos el VIH, del que hablábamos aquí hace dos semanas. Sin embargo, los mecanismos específicos que hacen que un virus elija la ruta agresiva ( “lisis”) o prefiera permanecer agazapado para atacar más tarde todavía no son bien conocidos.

Pero el 26 de enero la revista Nature publicó un estudio del equipo del científico israelí Rotem Sorek, del Instituto Weizmann, donde revela por primera vez la existencia de un mecanismo de comunicación que permite a los virus llamados phi3T, que infectan a la bacteria Bacillus subtilis, “decidir” si optan por la vía de la lisis o la lisogenia.

El sistema, denominado “arbitrium” (“decisión”, en latín) es relativamente sencillo: cuando los virus infectan a sus víctimas bacterianas, liberan una pequeña proteína. Si demasiadas bacterias están siendo destruidas por los virus, la proteína arbitrium se acumula, y cuando los virus la detectan, dejan de producir lisis para entrar en lisogenia. Así, la población de bacterias puede sobrevivir y reproducirse.

Si halláramos mecanismos similares al de arbitrium en otras especies de virus, incluso los que infectan al ser humano, podríamos interferir con ellos y controlarlos. Se podría así lograr que estos virus dormidos jamás despertaran.

La inteligencia no es sólo una facultad humana. Es una variedad de estrategias, en distintos niveles de complejidad, que en el fondo tienen una única finalidad: favorecer la supervivencia. Los virus nos están demostrando que son más inteligentes de lo que pensábamos. Quizá nuestra inteligencia nos permita aprovechar este descubrimiento en nuestro propio beneficio.

mbonfil@unam.mx

Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM