La ciencia por gusto

¿Qué nos hace machos?

No: no me refiero a esos comportamientos ofensivos y discriminatorios que muchos asocian con la “hombría”, sino a las características biológicas que distinguen a machos y hembras de una especie.

Dichas diferencias radican a nivel genético. Más específicamente, en los cromosomas. Los humanos tenemos 23 pares (un juego proviene de la madre, otro del padre). Lo que nos diferencia es uno: los cromosomas sexuales. Los otros 22 son idénticos, pero las hembras tienen dos cromosomas sexuales X, mientras que los machos tenemos uno X y uno Y.

Sí: eso que hace que los machos nos enorgullezcamos de serlo y que garantiza nuestra hombría y que, según el estereotipo, nos distingue de las débiles y necesitadas mujeres, se halla precisamente en nuestro gallardo cromosoma Y.

Y que tales estereotipos son totalmente infundados es obvio, más allá de argumentos de igualdad, capacidad y derechos humanos, con solo echarle un vistazo: a diferencia del X, el Y es poco más que un minúsculo muñón, mutilado y más bien miserable: un cromosoma degenerado.

¿Cómo es esto? Estudios recientes han permitido comenzar a descifrar la evolución del cromosoma Y. Se ha descubierto que originalmente era un cromosoma completo, como el X, pero que a lo largo de millones de años se aisló de su pareja y fue perdiendo más y más genes, hasta conservar casi solo los que se requieren para determinar que el sexo de un embrión sea masculino (la programación “por default” es ser hembra).

Pues bien: el pasado 24 de abril la revista Nature publicó un artículo que profundiza en el asunto. El biólogo mexicano Diego López —egresado de la UNAM y actualmente en la Universidad de Lausana, Suiza— y sus colaboradores describen el uso de una técnica novedosa para estudiar los cromosomas Y de 10 mamíferos, un monotrema (el ornitorrinco) y un ave (la gallina). Identificaron así 134 genes conservados —el doble de los conocidos hasta ahora— y descubrieron que los cromosomas Y de mamíferos con placenta, monotremas y aves se originaron independientemente.  

El cromosoma Y no es tan espectacular como le gustaría a los machistas. Pero tampoco es insignificante, y tiene su historia. Y sin él, la especie no se podría reproducir. Algo es algo…  

Dirección General de Divulgación de la Ciencian, UNAM.

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