La ciencia por gusto

Amarillismo y vida de silicio

En la FIL de Guadalajara, Ruy Pérez Tamayo fustigó al periodismo científico, describiéndolo como “un Drácula” que deforma la ciencia hasta volverla irreconocible.

Aunque luego reconoció que no todo es malo, lo cierto es que mucho sí está aquejado de un gran problema: la falta de rigor científico, producto de la poca preparación y conocimiento científico de quienes lo ejercen. Esto lleva a la frecuente distorsión y exageración de las notas, y ocasionalmente a un franco amarillismo.

Caso reciente: el noviembre pasado la revista Science presentó un artículo que llamó la atención de los medios. El periódico español ABC publicó un titular sensacionalista: “Crean una forma de vida extravagante capaz de producir moléculas con silicio”, acompañado de una ilustración que muestra un organismo de color azul y aspecto inflable, con forma de hipopótamo, descrito como “Representación de una forma de vida basada en el silicio y no en el carbono”.

Aunque luego la nota informaba que “investigadores del Instituto Tecnológico de California […] demuestran que es posible hacer que los seres vivos produzcan componentes de la vida extraños basados en el silicio”, no se podría culpar a un lector casual si pensara que Frances Arnold y sus colegas, ¡habían logrado crear vida basada en silicio! O casi. Por desgracia, esto dista mucho de la verdad.

La idea de formas de vida basadas en silicio es frecuente en la ciencia ficción. La razón es que tiene propiedades muy similares al carbono, base de la química de los seres vivos. Puede unirse a cuatro átomos y formar cadenas largas. Pero no hay evidencia de que existan, o puedan existir, dichos organismos.

Entonces, ¿cuál fue el descubrimiento? La química del carbono es variada, pero limitada. Se pueden fabricar moléculas orgánicas que contengan otros elementos, como el silicio, muy útiles para procesos de síntesis química e industrial; sin embargo, producir moléculas que contengan silicio unido a carbono es difícil y costoso: requiere como catalizadores elementos caros como rodio, iridio y cobre.

Por eso, Arnold y su equipo exploraron la posibilidad de lograr que las enzimas, los catalizadores naturales, pudieran formar dichos enlaces. Seleccionaron una bien conocida, el citocromo C.

Descubrieron que podía catalizar la reacción con baja eficiencia. Razonaron que si se modificaba cierto aminoácido, podría catalizar la unión carbono-silicio con mayor eficacia. Entonces aplicaron un método fascinante conocido como “evolución dirigida” para generar, en bacterias, numerosas variantes de la enzima, y luego seleccionaron la más eficiente.

¿El resultado? Un citocromo C modificado que puede unir átomos de carbono y silicio con una eficiencia hasta 15 veces mayor que los mejores catalizadores de laboratorio, en un tubo de ensayo o dentro de células vivas.

¿Significa que vamos a producir vida basada en silicio? Para nada. Pero sí que podemos generar nuevos catalizadores y procesos químicos que nos permitan “explorar un espacio químico” novedoso.

Es entendible que los medios se enfocaran al aspecto de la vida de silicio. Es imperdonable que algunos lo hayan llevado al extremo del amarillismo. Pérez Tamayo tiene razón. Urge mejorar los estándares del periodismo científico. En México y en el mundo.

mbonfil@unam.mx

Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM