La ciencia por gusto

El fenómeno Beakman

Entre las celebraciones por su 75 aniversario, el Instituto de Física de la UNAM decidió traer el actor Paul Zaloom, protagonista del famoso programa de Tv El mundo de Beakman.

Nadie imaginó lo que sucedería: a pesar de que el programa tuvo bastante éxito a escala mundial, su impacto en México excede todas las expectativas. Debido a la demanda, el pequeño espectáculo que se había planeado se convirtió en un par de presentaciones en la explanada del museo Universum, cada una para 4 mil asistentes, y otra en Chapultepec. Además, los eventos se transmitieron por TV-UNAM e internet.

Los comentarios sobre Beakman han sido diversos. Hay quien se congratula de que un programa de ciencia —por más que la presente de manera simplificada y hasta superficial, aunque eso sí, muy divertida— pueda tener tanto éxito. Muchos adultos manifestaron haber hallado su vocación como científicos o ingenieros gracias al programa.

Por otro lado, ha habido comentarios más bien mezquinos que califican a Beakman de “payaso” y que se lamentan de que alguien como él tenga tanto público, pero una conferencia con un premio Nobel atraiga solo a unas cuantas personas.

Creo que esta visión es equivocada: Beakman no pretende comunicar conceptos científicos detallados. Su objetivo, como afirmó Zaloom en una entrevista reciente, no era enseñar: “No éramos una escuela, era televisión. Lo que hacíamos era abrir puertas de la ciencia de manera divertida; las partes detalladas le corresponden a los maestros, a la gente que hace libros”.

No se trata pues de enseñar, sino de cambiar la imagen pública de la ciencia como algo ajeno, difícil, aburrido y peligroso, para convertirla en algo disfrutable, interesante, divertido y estimulante. Creo que vale la pena.

En mi opinión, Beakman cumple con los tres requisitos fundamentales de la buena divulgación científica: comunica ciencia de manera clara, correcta y sobre todo ¡muy atractiva! Su fama, poder de convocatoria y las vocaciones que despertó en México lo prueban. Quizá los científicos y divulgadores que creen que forzosamente el público tiene que “aprender” y consideran que la simple diversión no es válida como divulgación, pueden aprender algo de él.

Dirección General de Divulgación de la Ciencian, UNAM