La ciencia por gusto

La falacia del especialista

Divulgar la ciencia es, principalmente, compartirla de manera comprensible con un público no especialista.

La ciencia en su forma bruta, como es producida por investigadores y publicada en revistas científicas, es virtualmente inaccesible al no experto, por su lenguaje ultraespecializado y por el conocimiento previo indispensable para comprenderla.

Por eso se necesita otro profesional, el divulgador científico, que la pueda comunicar en el lenguaje adecuado y con la forma y el contexto necesarios para hacerla accesible, además de atractiva, para el gran público.

Pero se requieren sacrificios. La ciencia divulgada es distinta de la del especialista. Cuando el investigador se enfrenta a un texto de divulgación puede hallar que presenta algún concepto científico en forma esencialmente correcta, pero quizá incompleta. No hallará la información con la precisión, detalle, rigor y lenguaje al que está acostumbrado. Su reacción, entonces, es indignarse porque se está “distorsionando” el contenido científico; incluso, llega a lanzar la acusación de que se está “mintiendo”.

Pero es inevitable que la divulgación científica tenga menos rigor científico que los textos de especialistas… porque no va dirigida a ellos. Su queja y su crítica son, pues, improcedentes.

Si bien no es válido comunicar conceptos erróneos o cometer errores, el criterio para definir qué es “erróneo” debe basarse en las necesidades del público. Al especialista siempre le parecerá insuficiente la información y el detalle que el divulgador incluya en su texto. Pero calificar tajantemente eso de “erróneo” es una falacia, porque se está juzgando el trabajo de divulgación con un criterio no adecuado: el del especialista, no el del comunicador.

No presentar la versión completa de un tema, resumir, simplificar, usar metáforas y comparaciones, y seleccionar sólo parte de la información, no es presentar “un concepto equivocado”. Es, en todo caso, presentar un concepto parcial, que es muy distinto.

La falacia del especialista es difícil de evitar. Pero no hacerlo nos perjudica a todos: a los divulgadores, juzgados injustamente; a los investigadores, que persisten en no entender la divulgación, y principalmente, qué es lo que más importa, al público.

Dirección General de Divulgación de la Ciencian, UNAM

mbonfil@unam.mx