La ciencia por gusto

Los enredos del sexo

No hay duda: el sexo puede ser muy complicado (y, según Freud, da origen a todos los problemas). Pero si para los humanos es difícil, hay que imaginarse cómo será para otras especies de animales que tienen posibilidades que nosotros ni imaginamos, como ser hermafroditas, cambiar de sexo o incluso reproducirse por partenogénesis, sin necesidad de que el óvulo sea fertilizado por un espermatozoide.

Y hay modalidades de reproducción todavía más embrolladas. Desde nuestra visión antropocéntrica, tendemos a pensar siempre en términos de machos y hembras. Pero lo que define a los sexos no es, como pudiera pensarse, quién ejerce la penetración o es penetrado en el coito. Biológicamente, la definición de “hembra” es el sexo que produce un gameto (célula sexual) grande y estacionario, y “macho” es el que tiene gametos pequeños y móviles.

A su vez, el sexo de un individuo está determinado por sus cromosomas. En general, un cromosoma Y produce machos, mientras que su ausencia produce hembras.

Pero eso ocurre solo en especies anisogámicas (con gametos distintos). En las especies isogámicas, como muchas plantas, los gametos de ambos sexos son iguales: no hay óvulo ni cromosoma. Los “sexos” de estas especies suelen designarse, simplemente, con los signos + o –.

Luego están los microorganismos. Las levaduras, por ejemplo, hongos unicelulares, pueden usar la típica reproducción asexual, por gemación, que produce dos células idénticas, o la más interesante reproducción sexual entre células de dos tipos, llamados “a” o “alfa”. Las “a” solo se aparean con las “alfa”, y viceversa. ¡Ah, pero, si es necesario, una célula puede, mediante un interesante sistema de cassettes genéticos intercambiables, cambiar su sexo!

Y el colmo son algunos protozoarios como el Tetrahymena thermophila, cuyas células tienen dos núcleos: un micronúcleo que sirve para la reproducción, y un macronúcleo que se ocupa de todas las demás funciones celulares. Las células de Tetrahymena pueden aparearse para reproducirse sexualmente, pero existen ¡siete sexos, que pueden dar lugar a 21 combinaciones! (Un sexo no puede aparearse consigo mismo).

No hay duda: el sexo puede ser muy complicado. A veces, más de lo que uno creería.

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