La ciencia por gusto

El engaño antivacunas

Hay mentiras bobas, estafas y engaños viles y peligrosos. El mito, cada vez más extendido, de que las vacunas no son eficaces para prevenir enfermedades y que causan daños a la salud es de estos últimos.

Las vacunas funcionan porque aprovechan que nuestro sistema inmunitario detecta sustancias extrañas y fabrica anticuerpos. Al adherirse, por ejemplo, a un virus, los anticuerpos lo neutralizan y facilitan su eliminación.

Las vacunas son, probablemente, el descubrimiento médico que más vidas ha salvado en la historia. Hoy poliomielitis, sarampión o tosferina son prácticamente desconocidas en países con buena cobertura en salud. Y, en un logro deslumbrante, en 1980 la viruela quedó erradicada definitivamente del planeta.

Y sin embargo, circulan desde hace unos años, y cada vez con mayor fuerza, versiones falsas y dañinas contra la vacunación. La doctora Jennifer Raff resume en su blog varios de los argumentos y su refutación. Entre otras tonterías, se dice que males como varicela, influenza, sarampión o poliomielitis no son “realmente” tan graves. O que las vacunas no son efectivas para prevenirlas (aunque salvan a 3 millones de niños al año; otros 2 millones mueren por falta de vacunación). Y se dice que las vacunas causan enfermedades como el autismo debido a las sustancias que contienen (como el timerosal, que ya no se usa desde 2001). Todo falso.

Lo más grave, afirma con razón Raff, es el argumento más infame al que recurren los antivacunacionistas: que como padres, tienen el “derecho” a no vacunar a sus hijos. En realidad es una actitud irresponsable. Las vacunas no protegen al 100 por ciento de la población; por tanto, gran parte de su efectividad depende de la “inmunidad de grupo”: si todos a nuestro alrededor están vacunados, no habrá portadores que infecten a aquellos que no logren desarrollar inmunidad, incluyendo a los alérgicos a las vacunas y a quienes padecen alguna inmunodeficiencia.

No vacunarse no es solo una gran estupidez y una conducta suicida: es una irresponsabilidad que daña a la sociedad. Los recientes brotes de sarampión en Inglaterra, Estados Unidos y Canadá, donde el movimiento antivacunas ha cobrado fuerza, son la mejor demostración.

Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM.

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