La ciencia por gusto

El dinero para la ciencia

El pasado lunes el presidente Enrique Peña Nieto entregó, en Palacio Nacional, los Premios de Investigación de la Academia Mexicana de Ciencias correspondientes a 2012, 2013 y 2014.

Peña Nieto destacó que los recursos públicos destinados por el gobierno federal de 2012 a 2015 a ciencia y tecnología “se han incrementado en 36 por ciento en términos reales, pasando de 0.43 por ciento con respecto al PIB a 0.54 por ciento”. Si no me equivoco, sería la primera vez que el presupuesto en ciencia y tecnología rebasa el 0.5 por ciento del PIB.

Además, sorprendentemente, en vista de la difícil situación económica actual, reiteró uno de los compromisos que hizo al comenzar su mandato: “que la inversión en ciencia, tecnología e innovación alcance uno por ciento del PIB” al final del sexenio.

Peña Nieto incluso dijo, inspirado, que “la ciencia, la tecnología y la innovación son las luces que alumbran el destino de México”. Por su parte, el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, comentó que “los investigadores galardonados son la evidencia concreta e irrefutable de que en México se hace ciencia de calidad, ciencia pertinente, ciencia rigurosa”, e informó que cada año egresan 65 mil jóvenes de carreras tecnológicas. Finalmente, Videgaray opinó que “hoy el sector de ciencia y tecnología, las instituciones públicas y privadas, los centros de investigación, están demostrando en los hechos que vale la pena invertir en ciencia y tecnología”.

Son datos alentadores. Como lo es que, al menos en el discurso, los gobernantes reconozcan la importancia de la inversión —que no gasto— en estos rubros.

Sin embargo, esta información contradice, en cierto sentido, lo afirmado en una noticia del pasado primero de abril, donde se informaba que “el gobierno federal anticipó a la Cámara de Diputados un recorte al presupuesto del próximo año para 48 programas prioritarios”, entre ellos algunos de “ciencia, educación y desarrollo social”.

El gobierno federal pareciera estar valorando la ciencia y la tecnología. Pero habrá que ver si ello se cumple en los años venideros. Lo que no se ve todavía es que se aprecie a la ciencia más allá de sus aplicaciones industriales; una visión todavía tercermundista. Pero algo es algo. Tratemos de ser optimistas.

Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM

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