La ciencia por gusto

Pasión por el conocimiento

Si usted no ha ido a ver la película Talentos ocultos (Hidden figures),  por favor deje de leer esta columna y corra al cine a disfrutarla.

El filme, dirigido por Theodore Melfi, está basada en el libro del mismo nombre de Margot Lee Shetterly. Narra la historia real de la participación de tres matemáticas negras en el programa espacial de la NASA en 1961. Formaban parte del proyecto Mercury, que tenía la misión, frente a los avances soviéticos —el lanzamiento del primer satélite artificial, el Sputnik 1, en 1957, y el primer hombre en viajar al espacio exterior, Yuri Gagarin, en 1961— de poner a un astronauta estadunidense en órbita y regresarlo a salvo a la Tierra.

La cinta, magistral en todos los sentidos —guión, dirección, actuación, vestuario y escenografía, música—, es una delicia y un muestrario de las características de la sociedad estadunidense de entonces. Exhibe, por ejemplo, y como parte fundamental de la trama, el tremendo racismo que era todavía parte de la vida cotidiana de ese país, al menos en algunos estados (como Virginia, donde está el Centro de Investigación Langley, donde ocurre la acción), y muestra al mismo tiempo el movimiento de lucha por la igualdad de derechos para los negros, que estaba en pleno apogeo con líderes como Martin Luther King.

Deja clara también la terrible presión política, en plena Guerra Fría, a que estaba sometida la NASA, y cómo esto ayudó a impulsar el desarrollo científico y tecnológico estadunidense. 

Pero más que nada —y en mi opinión esto es lo que realmente hace memorable a la película— muestra la enorme pasión que las tres protagonistas, las matemáticas “de color” Katherine Johnson, Dorothy Vaughan y Mary Jackson (encarnadas por Taraji P. Henson, Octavia Spencer y Janelle Monáe), sentían por su trabajo, y la forma en que lucharon contra los prejuicios, tan comunes y “normales” entonces, hacia mujeres y negros. 

Cada una a su manera —Johnson calculando trayectorias, Vaughan como supervisora del grupo de “computadoras de color” y programadora, y Jackson como aspirante a ingeniera que lucha en la corte por el derecho a estudiar—, las tres protagonistas encarnan lo que pueden lograr las personas cuando la pasión por el conocimiento se conjuga con la convicción por combatir las injusticias, aun en contra de las convenciones sociales. 

La película —que cuenta también con la actuación de Kevin Costner, Kirsten Dunst y Jim Parsons en un papel quizá no tan distinto de su famoso Sheldon en La teoría del Big Bang— ha tenido ya ganancias superiores a las de la superproducción La La Land, y cuenta con tres nominaciones al Óscar: mejor película, mejor guión adaptado y mejor actriz de reparto.

La historia se centra en la vida de Katherine Johnson y pone de manifiesto su talento y amor por las matemáticas, su tesón por aplicar este conocimiento para colaborar en un gran proyecto, y la manera en que llegó a ser reconocida por ello (en 2015 recibió una medalla por sus méritos de parte de Barack Obama). Nos enteramos así cómo las matemáticas avanzadas eran indispensables para poder aplicar la física newtoniana, a través del desarrollo de ecuaciones novedosas, para planear las trayectorias de lanzamiento y reingreso seguro de los astronautas.

No se pierda Talentos ocultos. La disfrutará.

mbonfil@unam.mx