La ciencia por gusto

El año de la luz

Casi cada año, la Unesco dedica 12 meses a un tema específico que contribuya a promover algún aspecto de la ciencia o la cultura.

Por ejemplo, 2005 fue el Año Internacional de la Física y 2011 el de la Química y, a partir de una propuesta presentada por Ghana y México, 2015 fue declarado como el Año Internacional de la Luz y las tecnologías basadas en ella.

¿Por qué es tan importante la luz? Para la especie humana, probablemente porque el principal sentido mediante el cual nos relacionamos con el mundo, la vista, se  basa en la percepción de esa banda de ondas electromagnéticas de entre 400 y 700 nanómetros de longitud que conocemos como luz visible.

Parece obvio que podemos ver gracias a la luz, pero en realidad jamás vemos los objetos que creemos observar: solo vemos la luz que se refleja en ellos.

Y si podemos “verlos” es además porque esos rayos de luz que entran a nuestros ojos (y que también son partículas: fotones) son desviados por la córnea y el cristalino para enfocarse y formar una imagen en la retina. Y porque en ésta existen células en cuyas membranas hay proteínas que contienen moléculas que pueden reaccionar a la luz sufriendo un pequeño cambio químico, que a su vez desencadena la emisión de una señal nerviosa que a través del nervio óptico llega al cerebro.

Y es que en realidad vemos con el cerebro, no con los ojos.

Pero la luz no solo es esencial para la especie humana —y para muchos animales—, sino también para toda la biósfera, porque las plantas, a través del proceso de la fotosíntesis, captan fotones provenientes del Sol y usa su energía para transformar agua y dióxido de carbono en moléculas de glucosa y oxígeno.

Mediante la fotosíntesis, las algas microscópicas y las plantas mantienen funcionando toda la maquinaria de la vida en la Tierra. Todos los demás organismos nos alimentamos de los compuestos orgánicos que genera la fotosíntesis.

La biósfera entera es así una máquina solar de escala planetaria. Y lo es el planeta entero, pues la energía de la luz solar también impulsa las corrientes marinas y atmosféricas y el ciclo del agua, y con ellos, fenómenos como el clima, las estaciones y la erosión.

No hay duda: la luz bien merecía ser celebrada durante un año.

 

mbonfil@unam.mx

Dirección General de Divulgación de la Ciencian, UNAM