La ciencia por gusto

Transgénicos: debates e ideologías

Recientemente me involucré en una discusión en Facebook por un caso comentado aquí hace meses: el artículo del investigador francés Gilles-Eric Séralini, publicado en noviembre de 2012 en Food and Chemical Toxicology, que supuestamente probaba que el consumo de maíz transgénico causaba tumores en ratas.

La polémica sobre los vegetales transgénicos ha sido larga, y bastante violenta. Su cultivo y consumo plantea graves riesgos ambientales: puede contaminar con genes foráneos las variedades nativas, como en el caso del maíz oaxaqueño. Además, han dado pie a abusos intolerables por parte de las transnacionales como Monsanto contra campesinos.

El problema es que hasta el momento no existe evidencia sólida de que sus efectos dañinos sobre la salud humana sean reales. El estudio de Séralini adolecía de muchos defectos, tan graves que el consenso de la comunidad científica fue que era poco confiable, al grado que la revista acaba de retractarse de su publicación.

Y es que el debate ha dejado de ser solo científico, y se ha vuelto político, económico, social y, sobre todo, ideológico. No es que esté mal; al contrario. Pero es grave cuando la parte científica, que es fundamental en la necesaria discusión pública del tema, es ignorada.

La reciente afirmación de Séralini de que, si el artículo era retirado, “atacaríamos con abogados… para pedir una compensación financiera por los grandes daños contra nuestro grupo” es inaudita; rompe por completo con las prácticas científicas aceptadas. Abogados y jueces no pueden dictaminar la calidad de un trabajo científico.
En México, un muy sesgado reportaje en la revista Proceso (20 de diciembre) presenta el debate y la retracción del estudio de Séralini como producto de una descarada manipulación de las revistas científicas —a las que presenta como cómplices— por las compañías biotecnológicas. Acusaciones graves: quien las hace debería presentar pruebas.

La ideología deja de lado a la ciencia, dando lugar a un debate estridente. Y mientras tanto, el método científico, que exigiría reproducir el experimento de Séralini para saber si sus alarmantes resultados se sostienen o no, ha quedado olvidado.

Ah: ¡feliz año 2014!

Dirección General de Divulgación de la Ciencian, UNAM.

mbonfil@unam.mx