La ciencia por gusto

Spock, Beakman y la ciencia

El pasado viernes murió Leonard Nimoy, actor querido por generaciones de nerds y fans de la ciencia ficción por su inolvidable y definitiva interpretación de Mr. Spock, oficial científico de la nave interplanetaria Enterprise, en la serie de Tv Viaje a las estrellas (Star Trek). Hijo de madre humana y padre vulcano, Spock se caracterizaba por su personalidad ultra-lógica.

(Nimoy murió víctima de enfermedad pulmonar obstructiva crónica, o EPOC, cuya causa es el tabaquismo y que mata lentamente de asfixia a quienes la sufren. La EPOC afecta a 5 por ciento de la población mundial y mata a 3 millones de personas al año. En comparación, el cáncer de pulmón y el sida matan, cada uno, a millón y medio. Usted decide si sigue fumando…)

Dos días después apareció publicado en The California Sunday Magazine un artículo que narraba el inesperado éxito en México de otro actor, protagonista de la serie de los años 90 El mundo de Beakman: Paul Zaloom. A diferencia de Nimoy, Zaloom está vivito y coleando, pero muy sorprendido del inusitado éxito que Beakman tuvo y sigue teniendo en Latinoamérica, y muy especialmente en nuestro país. Recordará usted la multitudinaria asistencia que sus dos presentaciones el año pasado tuvieron en nuestro país.

¿Qué tienen en común ambos personajes? Spock era fascinante porque actuaba siempre basado en la lógica y la ciencia. Beakman lo era porque convertía a la ciencia, mediante el absurdo y la sorpresa, en algo divertido y accesible. Ambos atraparon las mentes de jóvenes de distintas generaciones y despertaron su entusiasmo y curiosidad por la ciencia.

Indudablemente, la ciencia y la tecnología son vitales para cualquier sociedad actual. Y parte importantísima de lo que un país necesita para ser de primer mundo es tener un número suficiente de científicos.

Pues bien: sostengo que, junto con los esfuerzos de enseñanza escolar de la ciencia y de divulgación científica tradicional, medios como la televisión, a través de programas como Viaje a las estrellas o El mundo de Beakman, contribuyen también a despertar vocaciones científicas, al “encender la llama del asombro”, como dijera el gran Carl Sagan.

Gracias, Beakman. Y gracias, Spock: vida larga y próspera.

Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM

mbonfil@unam.mx