La ciencia por gusto

Refrescos y pensamiento crítico

Una de las características básicas de la ciencia es pedir evidencia de las cosas que se afirman. Por desgracia, la mayoría tendemos más bien a opinar con base en creencias, ideologías o en lo que dicen los demás.

Un ejemplo interesante es el debate sobre el impuesto a los refrescos azucarados, implantado en enero de 2014.

El pasado 3 de noviembre el prestigiado diario británico The Guardian publicó un amplio y documentado reportaje de Tina Rosemberg: "Cómo uno de los países más obesos del mundo se opuso a los gigantes refresqueros". Describe hechos bien conocidos por los mexicanos: somos el campeón mundial en obesidad adulta y el segundo en infantil; el principal consumidor de refrescos; nuestra tasa de diabetes aumentó monstruosamente en los últimos años; el sistema de salud no podrá hacerle frente.

Pero también otros menos sabidos, como que la propuesta de impuesto al refresco había sido frenada por el intenso cabildeo de la industria refresquera, que en todo el mundo se opone a este tipo de impuestos —recomendados por la OMS— con el argumento de que basta con hacer ejercicio (falso: la dieta es mucho más importante que la actividad física para combatir la obesidad).

En todo el mundo los esfuerzos por aprobar impuestos a los refrescos se han topado con el poder mediático y político de las refresqueras. ¿Qué pasó en México? Básicamente, dice Rosenberg, que las campañas de las organizaciones ciudadanas recibieron dinero del millonario Michael Bloomberg, alcalde de Nueva York, quien había intentado infructuosamente limitar allá el consumo de refresco.

Gracias a este apoyo, se logró, con el cambio de gobierno en México, la aprobación del impuesto. Hoy los datos son claros: el impuesto de un peso por litro (10% sobre el precio) logró disminuir en 12% el consumo de gaseosas en el primer año.

Aun así, muchos mexicanos siguen pensando que el impuesto al refresco "no funcionó". Y las refresqueras siguen en campaña contra él.

No les falta razón. Muchos países examinan el caso de México para impulsar sus propios impuestos. Los días del imperio refresquero parecen estar contados.

Eso, o países como México estarán condenados a cargar con una población obesa y enferma.


mbonfil@unam.mx
Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM