La ciencia por gusto

Rechazo irracional

La semana pasada comentaba aquí mi frustración frente a una lectora creyente en la homeopatía. ¿Por qué proliferan tantas creencias carentes de sustento, mientras el conocimiento científico es tan fácilmente rechazado?

El fenómeno ocurre también en la oposición a los cultivos transgénicos. Los argumentos en su contra van de lo ideológico (son antinaturales) a lo médico (causan cáncer), lo ambiental (alteran ecosistemas,  contaminan genomas nativos) y lo social (abusos hacia los campesinos). Solo los dos últimos argumentos tienen bases reales. El segundo ha sido descartado: por décadas, millones de personas han consumido transgénicos sin daños, pero los grupos opuestos a los transgénicos han logrado propagar, con gran éxito, su imagen como nocivos y peligrosos.

Un interesante estudio publicado en Trends in plant science (10 de abril), coordinado por Marc Van Montagu, de la Universidad de Ghent, Bélgica, explora posibles explicaciones a la popularidad de la oposición a los transgénicos, a pesar de la evidencia muchos de ellos de ellos son seguros y útiles. Concluye que el rechazo tiene que ver con la manera en que los humanos interpretamos información.

Muy resumidamente, postula que este tipo de ideas se benefician de la existencia de dos grandes formas de pensar: la intuitiva (rápida, “automática” y generalmente acertada) y la racional, más lenta y laboriosa, pero que considera más datos y puede llegar a conclusiones anti-intuitivas, más acordes con la evidencia. Y propone tres factores que favorecen el rechazo a los transgénicos: la tendencia a: 1) pensar en términos de esencias (modificar el ADN de un organismo es alterarla); 2) interpretar las cosas en términos de intenciones (“la naturaleza es sabia”; manipularla es “jugar a ser dios”), y 3) a sentir repugnancia por ciertas cosas (la modificación genética “contamina”). Esto llevaría a un rechazo en que los transgénicos no se ven sólo como peligrosos, sino inmorales o pecaminosos.

El tema levantará ámpula, pero estoy seguro que el análisis de este tipo puede ser útil para entender la enorme difusión de otros tipos de ideas contrarias al conocimiento científico aceptado, incluyendo pseudomedicinas como la homeopatía.

Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM

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