La ciencia por gusto

Poniéndonos filosóficos

Siempre, desde que la conocí, me ha fascinado la filosofía de la ciencia. Hace unas semanas comentaba aquí mi extrañeza ante colegas en la labor de difundir la ciencia y de combatir pseudociencias y
charlatanerías que, al mismo tiempo, desprecian a la filosofía y la consideran inútil y vacua.

Yo creo que la ciencia tiene mucho que ver con la filosofía: no se la puede entender sin ella. Como ejemplo, veamos una serie creencias sin sustento, imposibles de probar, que forman parte de los cimientos filosóficos de la ciencia.

Comencemos por el realismo: la creencia en que existe el mundo físico afuera de nuestras cabezas. Parece obvio, pero solo podemos obtener información sobre él a través de nuestros sentidos, que pueden engañarnos (como lo prueban las ilusiones sensoriales), y nuestras interpretaciones, que pueden ser erróneas (como ocurre cuando hay trastornos mentales).

Es obvio que esta suposición es indispensable para hacer ciencia: no tendría ningún caso si no se acepta. Pero nadie, desde que Descartes lo planteara, ha podido resolver el problema de cómo saber si la vida es o no sueño; si no vivimos realmente dentro de la Matrix.

Hay más: los científicos asumen también, sin poderlo probar, que el universo es cognoscible: que presenta regularidades (o “leyes de la naturaleza”) que permiten, mediante su estudio, entender su funcionamiento. Pero ¿y si fuera caprichoso, irregular, no reproducible?

Asimismo, mencionemos la adopción, podríamos decir que por fe, de lo que el biólogo francés Jacques Monod llamó el “principio” o “postulado de objetividad”: la idea de que no existe ningún proyecto o fin detrás de los fenómenos de la naturaleza; que no hay ningún gran titiritero manejando los hilos del universo.

Finalmente está la adopción del naturalismo: el rechazo automático a toda explicación que requiera la existencia de entidades o fenómenos sobrenaturales. No es que los científicos sepan que no existen; simplemente, se ven forzados a actuar como si no existiesen.

¿La ciencia no tiene nada que ver con la filosofía? Al contrario: le resulta tan necesaria como el tomar en cuenta el conocimiento científico lo es para cualquiera que quiera hacer buena filosofía.

Dirección General de Divulgación de la Ciencian, UNAM.

mbonfil@unam.mx